Hace menos de un año, Artur Mas anunciaba la pregunta que intentaría someter a consulta a los catalanes. Han pasado nueve meses y, ayudados por esa estrategia mariana de dejar que todo se cueza en su propio jugo, no hemos despejado demasiadas incertidumbres sobre cómo acabará esta película. Ya entonces se preveía que todo esto, adoptara la forma jurídica que adoptara, llegaría al Constitucional y, al menos, a la suspensión que conllevaría su admisión a trámite. Si el proceso catalán fuera el Cluedo, ya podríamos decir que el crimen se cometió en la biblioteca con la cuerda, pero nos falta saber quién es el autor, es decir, qué va a pasar el 9 de noviembre... y el 10. Las incógnitas siguen siendo las mismas y se resumen en una: ¿qué hará Mas? Su metáfora náutica da para mucho. A motor o a vela. ¿Consulta o elecciones? ¿Elecciones en formato habitual o eso que se llama plebiscitarias? Han pasado nueve meses; un par de años desde las últimas autonómicas catalanas; tres desde que el PP volvió a Moncloa y cuatro desde el retorno de CiU a la Generalitat; ocho desde el cepillado del Estatut -en palabras de Alfonso Guerra- y once desde que Rodríguez Zapatero prometiera en el Palau Sant Jordi apoyar la reforma estatutaria que aprobara el Parlament. Mucho tiempo...