aLamar Odom le queda trabajo por delante. El norteamericano asumió con naturalidad el papel de desfibrilador durante su presentación, pero no sé si era consciente el viernes de que el equipo al que ha llegado está más muerto que vivo. Ni siquiera la comparecencia del debilísimo Valladolid -un equipo que no sería puntero ni en LEB- sirvió para animar a unos jugadores absolutamente desnortados, cabizbajos, muy por debajo de sus posibilidades. Decía Scariolo, un poco picado por las preguntas de los malditos periodistas, que fuera de Vitoria se entiende mejor lo que le pasa a este Baskonia. Alude el técnico italiano a las innumerables lesiones que han asolado a su grupo durante toda la temporada. Y así es, en efecto. Pero hace mal en esperar apoyo incondicional por parte de la prensa, que no se debe a él, ni siquiera al club, sino solo a sus lectores, oyentes y televidentes. El problema no es que el Laboral Kutxa gane más o menos partidos, sino que lleva tiempo sin ni siquiera competir. Hay jugadores que parecen ahora peores de lo que fueron, no se atisban síntomas claros de recuperación. El Baskonia es por ahora, al igual que su desencantada afición, un equipo deprimido a la espera de un reactivo. Odom solo no será suficiente.