Hace algo así como un año me decía una de esas personas que se dedica a la cultura y que Álava ha exportado o ha echado -más bien lo segundo- que últimamente cada acto cultural es una acto de resistencia. La frase estaba dicha en un contexto muy concreto pero, en realidad, me ha venido a la memoria en varias ocasiones en los últimos doce meses. Es más, ahora que lo pienso, la podría haber aprovechado en múltiples casos desde que hace más o menos seis años las consecuencias de la crisis económica, que es algo más que eso, son el pan nuestro de cada día. Pero no se puede estar resistiendo de manera permanente. Y la salida no puede estar condicionada a que la situación general mejore o al hecho de que un Gobierno tome una decisión u otra sobre el IVA, el Mecenazgo y otras cuestiones por el estilo. La resistencia, en algún momento dado, debe dar paso a la reacción. Porque en caso contrario, se queda sólo en supervivencia. El ser humano lo es porque es un ser cultural. Y debe decidir si quiere aguantar hasta que soplen vientos mejores o, sin esperar, evolucionar aunque el resultado de esa nueva búsqueda ofrezca resultados inciertos e incluso desconocidos. En esta Álava nuestra, eso sí, parece que la única opción es seguir resistiendo.
- Multimedia
- Servicios
- Participación