querejeta ha revolucionado el Baskonia, el mundo del baloncesto en general. No hay duda de que el fichaje de Lamar Odom es un gesto mediático de proporciones siderales. Si quería dar un golpe de efecto para paliar una de las peores temporadas -si no la peor- de la historia reciente baskonista, lo ha conseguido. El movimiento me recuerda a sus orígenes cuando irrumpió como presidente del Baskonia con fichajes mediáticos - el entrenador Herb Brown o Sibilio- a la vez que se sacaba de la manga la doble nacionalidad de un tal Ramón Rivas, pívot de los Boston Celtics. Aquel equipo de pueblo pasó de repente de pelear por la mera supervivencia a tutear directamente a los gigantes Real Madrid y Barcelona. Mientras tanto, sentaba las bases del futuro con la incorporación del jovencísimo Marcelo Nicola, la primera perla del hasta hace poco fructífero mercado argentino. Luego se han encadenado la sucesión ininterrumpida de éxitos y el ascenso imparable hasta que llegó un momento en el que, posiblemente, perdió la perspectiva. Y empezó el declive. El Baskonia pasó a depender casi exclusivamente del dinero. Fichaba caro y, si salía mal, volvía a fichar y asunto arreglado. Ahora se anuncia una refundación. Es de suponer que irá más allá de Lamar Odom.