la bicefalia Real Madrid-Barcelona va a más, directamente proporcional al creciente desinterés del resto de la gente por el fútbol profesional. Los campos se vacían, en gran parte por los irracionales horarios que marcan las depredadoras televisiones, en parte por los desajustados precios que marcan los clubes a pesar de la crisis y, también, por esa resignación que cala en los aficionados a medida que asumen que el tercer puesto es el único objetivo posible para su equipo. La intrusión de algún outsider ocasional como el Atlético de Madrid no es más que una anécdota, reconocida como tal, que sí, anima algo el cotarro pero poco más. El negocio del fútbol está muy mal montado, como tantas empresas de estos tiempos que sólo se preocupan del beneficio a corto plazo sin tener en cuenta el refrán "pan para hoy, hambre para mañana", tan antiguo, tan sabio, tan vigente y, sin embargo, generalmente tan desatendido. Los americanos del baloncesto lo tienen mucho más claro con el establecimiento de techos salariales y el reparto equitativo de las nuevas figuras que van surgiendo siempre con el objetivo de equilibrar la competición. Así se fuerza que roten las hegemonías y se mantenga el interés. Y los mejores en la cancha, no escondidos en banquillos de oro. Pensar más allá de hoy no está tan mal.