Si hablamos de vehículos que no necesitan combustible para funcionar y que en determinadas circunstancias pueden conducir ‘por sí solos’, lo más habitual es pensar en un formato tipo ‘coche’, ‘camión’, ‘furgoneta’... Pero es raro que ambos conceptos se asocien a vehículos de dos ruedas. Es lógico porque, por un lado, debido a las reducidas proporciones y tamaño del vehículo, la electrificación parece compleja en el sentido de que una batería que pueda ofrecer un buen nivel de autonomía ya tiene que ser de un cierto volumen… y peso, siendo dos características que no suelen ‘llevarse bien’ con una moto. 

Y, por otro lado, debido a su condición de vehículo de dos ruedas, lo de una conducción ‘automatizada’ se entiende como algo más complejo, porque para que una moto ‘haga lo que quiera’ necesita contar con la inestimable colaboración del piloto y su sentido del ‘equilibrio’. Con todo, hay marcas que ‘tirando de tecnología’, creen que tienen la solución para ambos retos y ya están pensando en una moto tan revolucionaria como, al menos, cualquier automóvil de cuatro ruedas.

Presentación de Omoway OmoX.

Es el caso del proyecto Omo X, un vehículo desarrollado por la joven empresa china Omoway, formada por antiguos ingenieros de Xpeng (que es una firma conocida por sus vehículos y que hace no muchos meses que ofrece sus modelos en Euskadi). La propuesta combina un diseño bastante futurista (no hay más que ver las fotos), funciones de asistencia avanzadas a la conducción y algo fundamental para que ese tipo de circulación automatizada no sea una quimera: la capacidad de mantenerse en equilibrio por sí misma y, como consecuencia, la posibilidad de desplazarse sin intervención humana. La pregunta que muchos se hacen es si esta máquina, que parece salida de un universo cyberpunk, logrará convertirse en un producto real y no en otro prototipo espectacular que nunca llega a producción.

El Omo X hizo su presentación en sociedad durante un evento en Yakarta, donde dejó claro que su principal reclamo no era la potencia ni la velocidad, sino la ‘inteligencia’. La demostración fue sencilla pero impactante: la moto avanzó sola por la pasarela, se detuvo en el punto exacto indicado y se elevó sobre su caballete central sin que nadie le pusiera la mano encima. Conseguirlo, implica un nivel de control del equilibrio y de la estabilidad que, hasta ahora, solo habían mostrado grandes fabricantes en entornos muy controlados (como veremos más adelante). La diferencia es que Omoway asegura que su sistema está pensado para funcionar en situaciones reales, es decir, que no ‘le teme’ a baches, irregularidades y obstáculos inesperados.

El secreto está en el conjunto de sensores y algoritmos que la marca denomina Halo Pilot. Este sistema combina cámaras, radares y otros dispositivos de medición para interpretar el entorno y actuar en consecuencia a la información que recibe. Gracias a ello, el Omo X puede realizar maniobras como aparcar de forma autónoma, salir marcha atrás de un hueco estrecho o seguir al propietario cuando éste camina a baja velocidad. También incorpora funciones más habituales en coches modernos, como el control de velocidad adaptativo (que mantiene la distancia con el vehículo que le precede, acelerando o frenando de manera automática) o las alertas de colisión en múltiples direcciones. 

Como decíamos al inicio, no cabe duda de que la estética del vehículo es otro de sus puntos fuertes. Sus faros delanteros, extremadamente finos, contrastan con un frontal voluminoso, que le da cierto aire ‘robótico’. La parte trasera mantiene esa misma filosofía, con paneles que parecen encajar como piezas modulares. Esto no es casual, ya que la idea es que se trate de un vehículo personalizable. 

De hecho, gracias a un juego de carenados adicionales, el usuario puede convertir el scooter en una motocicleta de aspecto más tradicional, con un depósito ‘simulado’ (recordemos que hablamos de un modelo 100% eléctrico, así que no necesita esa pieza) que permite ‘sujetarlo’ con las piernas y adoptar una postura de conducción distinta, más habitual en las motos de carretera. Esta versatilidad (que la marca llama ‘multiforma’) pretende atraer tanto a quienes prefieren la comodidad de un scooter como a los que quieren una experiencia más cercana a una moto convencional.

Otro detalle llamativo es la posibilidad de añadir maletas laterales y un top case (un baúl para llevar impedimenta y que se sitúa al final del asiento), algo poco habitual en scooters eléctricos de diseño futurista. Más que algo enfocado a realizar largos viajes, esa gran capacidad de carga parece algo pensado para que resulte un vehículo muy práctico en el día a día (o que, incluso, se pueda utilizar como vehículo de reparto). 

Y para completar el conjunto, Omoway ha integrado un sistema de carga inalámbrica bajo el chasis: basta con estacionar sobre una base compatible para que la batería comience a cargarse sin cables. Aunque la marca no ha revelado aún cifras oficiales de autonomía o potencia, sí ha adelantado que el precio rondará los 3.200 euros en los mercados asiáticos, una cifra elevada para un scooter, pero muy competitiva si se compara con modelos eléctricos de gama alta como el BMW CE 04.

La gran incógnita es si la tecnología de auto-equilibrio y conducción asistida funcionará con la fiabilidad necesaria para un uso cotidiano. El reto no está en demostrar la idea en un escenario controlado, sino en garantizar que el sistema responda correctamente en calles reales, con tráfico imprevisible, superficies irregulares y condiciones cambiantes (por ejemplo, un día de lluvia y viento fuerte).

Omoway Omo X en el túnel de viento.

Aun así, el Omo X transmite una sensación distinta a la de otros proyectos fallidos. No se presenta como un experimento futurista, sino como un producto casi terminado, con un diseño definido, funciones concretas y un precio estimado. Además, el hecho de que sus creadores provengan de una empresa consolidada en el sector eléctrico aporta cierta credibilidad. 

La idea de ver un vehículo de dos ruedas que se aparca solo, que evita caídas y que incluso puede desplazarse sin conductor abre un debate interesante sobre el futuro de la movilidad personal. Para algunos, es un paso natural hacia ciudades más seguras y eficientes. Para otros, supone que se pierda la esencia de ‘llevar una moto’, que siempre ha estado ligada al control directo y a la interacción del piloto con la máquina. Pero más allá de las opiniones, lo cierto es que el Omo X plantea una pregunta que hace unos años habría parecido absurda: ¿estamos a punto de convivir con motos autónomas en nuestras calles?

Lo de la moto autónoma ya se le pasó antes a otros por la cabeza…

… y no en las películas. Uno de los casos más recordados fue el de la Honda Riding Assist, presentada en 2017. No era exactamente una moto “que conduce sola”, pero sí una montura capaz de mantenerse en equilibrio sin ayuda del piloto, incluso avanzando a muy baja velocidad. Honda usó tecnología derivada de sus robots humanoides (los famosos ASIMO) para crear un sistema de autoestabilización que movía la dirección de forma autónoma. El prototipo podía seguir al usuario como un perro adiestrado, avanzando despacio sin perder el equilibrio. Fue una demostración llamativa, pero Honda nunca anunció planes concretos de comercializarlo. La marca lo presentó más como un experimento de ingeniería que como un producto inminente.

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Otro intento llamativo fue el de Da Vinci Motors, una startup china que en 2021 prometió una moto eléctrica capaz de mantenerse en pie por sí sola, seguir al propietario y realizar maniobras autónomas. Su modelo DC100 generó mucha expectación, porque combinaba un diseño futurista con funciones que parecían de película.

Sin embargo, el proyecto se fue diluyendo entre retrasos, cambios de especificaciones y anuncios poco concretos. A día de hoy, la moto existe en forma de prototipo funcional, pero las capacidades autónomas que prometían no han llegado a materializarse en un producto de venta al público.