Más de un gigante de la Euroliga debe estar tirándose ahora mismo de los pelos. La entrada del Dubái Basketball en la organización con una licencia por cinco años ha sido el equivalente a abrir la puerta de un huracán financiero en un campeonato que siempre había presumido de cierto equilibrio competitivo. El faraónico proyecto –respaldado por un presupuesto casi ilimitado que ha seducido, entre otros, al baskonista Mamadi Diakite– amenaza con dinamitar el mercado de fichajes y transformar el torneo en un tablero donde tan solo uno juega con piezas de oro mientras el resto intenta sobrevivir como puede. El deporte siempre es caprichoso y está por ver si esa ensalada de nombres rutilantes que poblarán su futuro roster (Okobo, Diallo, Blossomgame y quizás Francisco, Hezonja y Yabusele) dan para hacer un equipo sólido, pero el temor a que antes o después dominará la Euroliga con puño de hierro ya es latente. El dinero no es un problema para el empresario emiratí Abdulla Saeed Juma Al Naboodah, cuya fortuna está estimada en 1.500 millones de dólares. Y menos si no se pagan impuestos sobre las rentas personales porque el sueldo de los jugadores en ese país es íntegramente para ellos. En definitiva, que todos disfruten de lo votado.