Me confieso fascinada por el nuevo folletín protagonizado por Isabel Díaz Ayuso. Su primera parada tras volver de México ha sido para afirmar en una entrevista que, en un país donde muchos estados “son directamente gestionados por el narco”, el Gobierno de Pedro Sánchez y el Ejecutivo mexicano la abandonaron “a su suerte”: “Nos podía haber ocurrido cualquier cosa en cualquier sitio”. Díaz Ayuso construye relatos como nadie. No puedo evitar preguntarme si ha pretendido emular a la que fue su mentora y antecesora en el cargo, aquella Esperanza Aguirre que se marcó una rueda de prensa en calcetines recién aterrizada en Madrid tras vivir en primera persona una oleada de atentados en Bombay. Los presidentes autonómicos viajan al extranjero con relativa frecuencia para promocionar los intereses económicos, empresariales o culturales de sus comunidades. Pocos viajes adquieren la trascendencia del de Ayuso a México. La cuestión es a qué fue a México. A tenor de los mensajes que fueron llegando de su periplo, se diría que su vocación se alejó del ámbito diplomático para tender hacia la confrontación, vender a Hernán Cortés antes que a las empresas madrileñas, buscarle las cosquillas a la presidenta mexicana para atizarle de paso y a distancia a Pedro Sánchez. Y ahora toca la guinda final, la victimización. Lo dicho, construye relatos como nadie.
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