De entre la multitud de libros de autoayuda existente en el mercado, comenzamos destacando Piense y hágase rico, de Napoleón Hill. Sus ideas atemporales responden a preguntas del tipo: ¿Cómo ver oportunidades? ¿Cómo pasar a la acción y aprovecharlas? El título, un poco delicado. Recuerdo ir por la calle tapando la portada de la obra, ya que todo el mundo se burlaba: “este libro será para hacer rico al que lo ha escrito, ¿no?”. Otro título desafortunado es de un clásico entre los clásicos: “Cómo hacer amigos e influir en las personas”, de Dale Carnegie. Parece que trata de manipulación cuando se refiere a comunicación.

Aquí la pregunta es: ¿cómo elegir los libros adecuados entre semejante inmensidad? En demasiadas ocasiones se venden placebos literarios que producen un relajamiento momentáneo. Análogamente existen múltiples libros de dietas, cuando sabemos que sólo hay tres opciones (se pueden combinar) para perder peso. Comer equilibrado, hacer más deporte o tomar diferentes suplementos. Que cada uno elija su sistema para perder peso…valorando sus efectos secundarios.

Si traspasamos la idea de las dietas a la autoayuda, además de las obras anteriores se destacan Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer y El hombre más rico de Babilonia, de George S.Clason. En la actualidad, se recomiendan Cómo mandar a la m. a la gente de forma educada (Alba Cardalda) y La gran guía del lenguaje no verbal, de Teresa Baró: enseña que lo más importante no son las palabras. Bueno, en realidad son lo menos importante. Para comprender la profundidad de las personas, nadie como Robert Greene. En “Las leyes del comportamiento humano” resume de forma maravillosa toda su investigación vital. No se trata de mitificar estas obras, existen muchos autores que expresan sus ideas con un nivel similar o superior. Ahora bien, terminan repitiéndose. Cada uno debe elegir, a ser posible sin un algoritmo de por medio, su autor de referencia. Ante la información que nos inunda, ¿cómo hacerlo? Probando y experimentando. No es fácil; cuando ganó Trump sus primeras elecciones, allá por 2016 (parece la edad de piedra), preguntaron a sus asesores cuál era la estrategia que iban a practicar para edulcorar las medidas que tenían idea de practicar. La respuesta, memorable: “vamos a llenar todo de m.”. No son los únicos que lo han hecho.

Una vez que tenemos material e instrumental de referencia, vamos a buscar caminos que nos orienten. Un mantra médico, muy aceptado, es que no hay enfermedades: hay enfermos. De la misma forma, no hay personas genéricas. Hay circunstancias genéticas, culturales, conductuales y aleatorias que han condicionado la vida de cada uno de nosotros. Por eso buscar soluciones estándar para un problema tipo no es la solución adecuada. En este sentido, profesionales como los psicólogos trabajan de maravilla. No se deben confundir con los vende humos que se forran vendiendo “el secreto” de la buena vida… para arreglar la suya.

La recopilación sincera y profunda del pasado conlleva realizar una “limpieza mental” de los errores u omisiones cometidas, los cuales pueden haber afectado a terceros o hacernos sentirnos mal con nosotros mismos. En el primer caso y siempre que lo consideremos oportuno, no está mal pedir disculpas de forma sentida a otras personas o a “mi yo del presente”. Claro que eso no vale si el comportamiento no cambia. Idea para trabajar el pasado: practicar la limpieza mental.

Cuando valoramos el presente, aunque el objetivo es ser coherentes entre nuestros pensamientos, palabras y actos, es inevitable cometer algún desliz. Comer de más, palabras a destiempo, errores de concentración en el trabajo, despistes en actividades cotidianas, más tiempo mirando las pantallas del que desearíamos….bueno, aquí se propone otra idea: indulgencia con nosotros mismos. Ideas para trabajar el presente: centrarnos (el 52% del tiempo estamos pensando en otras cosas; a veces parece que somos más efectivos cuando dormimos) y darnos pequeños premios.

Bienvenidos al futuro. Se han puesto de moda conceptos como el propósito, el legado o el Ikigai. Son ideas muy válidas, aunque se puede profundizar un poco más. Entre las nuevas modas se propone la siguiente: ¿cómo quieres que te recuerde tu epitafio? Aunque a primera vista es una idea extraña, es muy poderosa: cuando nos acordamos de personas que han compartido nuestra vida o han sido muy importantes aunque no las hayamos conocido (religión, espiritualidad, literatura o arte) tenemos una imagen o concepto que se puede expresar en pocas palabras. En este sentido, el punto para trabajar el futuro nos lleva a dos personas relevantes. La primera, el neurocientífico Santiago Ramón y Cajal: “todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro”. La segunda, la bailarina de Cabo Verde Rosy Timas: “pienso que soy mi propio arte. Mi forma de estar y de vivir gira alrededor de eso”.

Personas que han pensado, y han sido o son ricas. Ricas de verdad.