Paripé
Llegados a este momento y por el bien de todas las partes implicadas, el culebrón de la salida de Eduardo Coudet del Deportivo Alavés debería finalizar cuanto antes. El club babazorro necesita por razones obvias un entrenador comprometido que tenga la cabeza en salvar al equipo de la quema del descenso y el Chacho no puede realizar su labor como Dios manda cuando su agente admite que está manteniendo contactos con un tercero en discordia como River Plate. Es lícito que el argentino, como cualquier trabajador en la vida, quiera progresar o ganar más dinero fuera de Vitoria, pero tampoco hacía falta montar este paripé ni telenovela venezolana para rubricar una marcha cantada desde hace días. No era necesario jurar por sus cuatro hijos que no había negociado la vuelta a su país natal cuando todos sabemos cómo funciona este negocio. En la vida hay que saber irse de los sitios y Coudet, al que hay que agradecerle que salvara al equipo la pasada temporada, no deja un grato recuerdo entre una afición albiazul que, sin ir más lejos, ya le había mostrado el malestar por sus cambios en los partidos. La gran paradoja de este sainete es que el representante de Coudet (Bragarnik) sea a la vez propietario de un rival directo del Glorioso en la búsqueda de la permanencia.