L a verdad es que empecé a escribir estas líneas sin siquiera imaginar que amanecería el 3 de enero con la noticia de que Estados Unidos había lanzado un ataque sobre Venezuela y capturado a Nicolás Maduro. Pero con Trump es así, su hiperinflación declarativa y de acción acaba por vencerte por saturación y, mientras miras el dedo, te pierdes la luna. Reconozco que a mí me tenía entretenida con lo de la Flota Dorada, que suena como a armada élfica de El señor de los Anillos. Anunció recientemente esto de la Flota Dorada, que tiene su propia web en la que ensalza “esta inversión audaz” que cambia “la forma en que hacemos negocios para poder seguir proyectando paz a través del poder”. Proyectar paz a través del poder… Y de pronto te topas en plena resaca de Año Nuevo con la captura de Maduro. Más allá del acontecimiento en sí, parece evidente que estamos asistiendo a un movimiento en el tablero de Risk mundial en el que las fuerzas geopolíticas se están resituando y, de algún modo, reviviendo modelos. EEUU entrando en Venezuela y capturando a Maduro igual que hizo en Panamá con Noriega en 1990, también un 3 de enero… Mucho se ha hablado últimamente de la doctrina Monroe y, a la luz de los acontecimientos, parece que seguiremos hablando.
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