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La vuelta al mundo en moto de un vitoriano

41.389 kilómetros, 35 países y parte de sus ahorros. Es lo que ha costado a Dabid Eraña completar su sueño. Su última etapa ha sido la de Armenia a Mongolia

La vuelta al mundo en moto de un vitorianoCedida

Esta historia debería de ir sobre ruedas y de esa aventura impagable que supone recorrer el planeta a lomos de una moto mientras el roce del viento devuelve a su propietario esos aires de libertad, con la mejor música de fondo: la del rugido del motor. Pero cuando se viaja en una, poco o nada se puede planificar, como advierte Dabid Eraña. Porque de una etapa, se sabe cuándo y de dónde se sale, pero no cómo se llega, como cuando hay pinchazos o llantazos “en medio de la nada”. Es más, hasta se puede volver a casa sin ella, que es el final que tuvo la vuelta al mundo de este vitoriano. Porque este es un relato de lo más mundano, con contratiempos y días con el termómetro al rojo vivo que no animaban a seguir. Sin edulcorantes, ni patrocinios ni fotos de postureo en Instagram de por medio. Solo las justos, a modo de “prueba de vida” para los suyos. 

“Estos viajes a veces suelen quedar romantizados, pero son bastante duros porque tienes mucho equipaje, bastante tensión por lo que pueda pasar con la moto, y en dónde puedes dormir” explica Eraña, que consiguió hacer realidad su sueño, al completar su última etapa, la de Armenia a Mongolia, durante la penúltima semana de mayo.

Le ha costado 41.389 kilómetros por 35 países, parte de sus ahorros y mucho de su poco tiempo libre.

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Por etapas

Porque si algo ha tenido en contra al realizarla ha sido el paso del tiempo, la peor ‘crono’ posible.

“Sobre todo, he tenido mucha incertidumbre al tener límite de tiempo, porque me la he financiado yo mismo, con mis ahorros, así que siempre tenía que seguir, porque no la ha hecho del tirón, sino por etapas, con excedencias, vacaciones de verano largas, Semanas Santas...”.

Así que si un día llovía, no podía quedarse a esperar a que escampara.

Para lo que computa para la vuelta al mundo, fueron, exactamente, 35 países y cuatro continentes los que recorrió: América entera, Eurasia entera y luego del Sáhara hasta Tánger.

El mapa de su vuelta al mundo

PRIMEROS VIAJES

Sin embargo, en los últimos 12 años ha estado en casi 60 países, porque andar con ella es lo que le gusta hacer en su tiempo libre.

“En mi primer viaje salí desde la casa de mi madre en Lasarte hasta Eslovenia”, recuerda. Poco después, vino su “primer sueño”, el de la Panamericana, inspirándose en el documentalLong Way Roung con el actor escocés Ewan McGregor.

Luego, cruzó Europa entera, bajó hasta el Sáhara... Y así sintió que era “relativamente fácil” hacer la vuelta al mundo, “como ya habíamos hecho América –cuando habla en plural se refiere a su novia Garazi con la que ha hecho con él unos dos tercios del viaje–, Europa tres veces y parte de África, empecé a intentar llegar a Mongolia para cumplir todas las condiciones de la vuelta al mundo. Era como el destino final”. 

Se aventuró a hacerla el año pasado, cuando se fue de Vitoria a Armenia, y en este 2026, ha dedicado seis semanas y media para ir desde allí hasta Mongolia. Se compró otra moto: una Suzuki azul, para esta última tirada que ha sido especialmente dura “porque prácticamente todo es desierto, ni árboles ni nada, solo muchos kilómetros de recta y recta: Kazajistán entero es un desierto, luego cuando entras en la parte noroeste de China también es muy árida, cerca del desierto del Taklamakán, y Mongolia con el desierto de Gobi por debajo”.

Eraña con Garazi frente a la estatua ecuestre de Gengis Kan, cerca de Ulán Bator (Mongolia).

Aduanas

Una de las grandes piedras en esta andadura ha sido la “logística”, porque cruzar fronteras internacionales sobre dos ruedas requiere de conocer muy bien la burocracia para evitar multas, retenciones o la confiscación del vehículo.

“Una de las cosas más difíciles, sobre todo de hacer América o Eurasia, es que cuando te compras una moto matrícula española y cuando entras en un país, tú haces una importación temporal de la moto, entonces dependiendo de la política de aduanas de cada país, esa moto se puede quedar o no. Por ejemplo, no puedes entrar a Bolivia en moto y salir en avión y luego volver y coger la moto”.

En Armenia sí que se encontró con una política de aduanas “bastante laxa porque me dejaba volver un año a Vitoria, estando la moto allá, para luego poder volver y terminar”. Y es lo que hizo. Su compañera de dos ruedas se quedó allí esperándole todo un año.

“Conocimos a un chico que nos dio bastante confianza y la dejamos en su casa, en Ereván, la capital. Incluso me mandaba vídeos durante el año limpiándola y andándola un poco porque si no la batería se muere, a hacer en invierno menos de 20 grados”. 

Pero al irse, Eraña la tuvo que vender, para no tener problemas al volver a casa, en avión. 

En Chile, se tuvo que hacer un DNI provisional para comprarse una moto chilena y poder recorrer América. “Pero luego, por su matrícula chilena, no la podía vender en Estados Unidos. Entonces, tuve que bajar desde el norte hasta México DF para venderla. Que solo esa vuelta desde Wyoming es como ir de Vitoria a Moscú”.

Y cuando cruzaba ese continente, “habré dormido igual el 20% de los días en tienda de campaña por averías en medio de la nada”.

CONCENTRACIÓN MOTERA

El Ayuntamiento de Iruña de Oca organiza su segundo encuentro motero el próximo sábado 6 de junio, diseñado para los amantes de las dos ruedas y de la música rock. Las plazas son limitadas a 125 participantes.

A las 10.00 horas, concentración en el parque Lehendakari Aguirre.

A las 10.30 horas, salida motera a Murgia.

15.00 horas, comida con bingo motero en el frontón municipal Román Gutiérrez

A las 18.00 horas, festival 'Torka Rock' (Zerostress, One foot in the grave, Keroseno...)

El calor

Aunque su “peor enemigo” fue el calor. “La etapa más dura fue en el norte de Perú, donde hay un desierto muy grande. Nos hizo unos 45 grados y cuando tienes la ropa de la moto y encima el casco, no había manera de quitárselo de encima. Me metía en la ducha incluso con el casco y las zapatillas y a los siete kilómetros, estaba totalmente seco”

Ahora ríe al recordarlo, “pero la verdad es que estos momentos de sufrimiento máximo no es lo mejor con lo que me quedo”. Sí que se queda con el “calor” de la gente, sobre todo, de Asia Central y Sudámerica, que son “un 10” en hospitalidad porque “en Occidente, como digo a mi padre, somos más fríos para eso.

“Cuando llegas a un pueblo pequeño y ven que eres de fuera y que has tenido algún problema con la moto o que no tienes comida, todo el mundo intenta ayudarte”, destaca este gasteiztarra.