El mercado dominical de coleccionismo desafía al paso del tiempo y a las nuevas tendencias. Cada domingo, desde las 10.00 horas de la mañana, cerca de una veintena de puestos pueblan los bajos de la Plaza Nueva con la venta y exhibición de objetos relacionados con la actividad de coleccionismo de carácter lúdico-cultural: filatelia, numismática, tarjetas postales, cromos, vitolas, pins, llaveros, libros u objetos de análoga condición y de objetos usados tales como objetos de adorno.
Un mercado donde se pueden encontrar auténticas joyas. Eso sí, es innegable que se requiere buen ojo para captar artículos curiosos y de la época que retrotraen a décadas atrás. Por ejemplo, un sello de Correos de los años cincuenta puede despertar la memoria de quien lo encuentra, o una bufanda desgastada del Deportivo Alavés de hace tres décadas se convierte, de repente, en un objeto más valioso que cualquier prenda de temporadas más recientes.
Se trata de una tradición que lleva años sucediendo en ese mismo lugar, en el que en un principio, solo se intercambiaban cromos. Puestos regentados por irreductibles que, sin embargo, lamentan la pérdida de sus iguales y el progresivo declive de esta tradición.
Divisas extranjeras
Entre los puestos más frecuentados destacan los de filatelia y numismática. Sellos de todas las épocas, muchos ya descatalogados, conviven con monedas y billetes de pesetas, marcos alemanes, francos franceses o liras italianas. "La gente joven a veces ni sabe lo que es una peseta", comenta entre risas uno de los vendedores más veteranos del mercado.
También hay espacio para los libros. Manuales escolares de los setenta y ochenta, con ejercicios resueltos a lápiz por manos anónimas, comparten mesa con novelas de quiosco, tebeos y colecciones de literatura popular que ya no se imprimen. Títulos que en su día costaron unas pocas pesetas y que hoy se ofrecen por dos o tres euros, aunque no faltan los regateos.
"¿Cuánto vale esto?", preguntaba un comprador en el puesto ubicado justo en la entrada de la Plaza Nueva desde la Virgen Blanca. "Diez", le replicó el vendedor; a lo que el comprador ofreció cinco euros, para cerrar finalmente el trato en siete. Una escena repetida a lo largo de los puestos, como también lo es la de la confianza mutua entre vendedores y clientes habituales. Es decir, aquellos que llegan con una necesidad concreta y son redirigidos, sin dudar, hacia el puesto del compañero que sí puede ayudarles.
También cotizan al alza pines del Deportivo Alavés o del Baskonia de temporadas remotas; bufandas con escudos bordados que ya no existen o que han cambiado de diseño. Objetos que, en definitiva, valen más por lo que evocan que por lo que cuestan. No en vano, en las horas centrales de la mañana, el clásico intercambio de cromos mantiene su propio pulso, esta vez con la novedad de las colecciones dedicadas al Mundial que se celebrará este verano.
El ambiente que se respira en la Plaza Nueva los domingos es también el de un reencuentro semanal. Muchos de los vendedores se conocen entre sí desde hace años y, entre cliente y cliente, intercambian opiniones sobre los artículos que “menos tirón” tienen, el tiempo que se avecina o los sucesos de la última semana.