Ya lo cantó a los cuatro vientos Georgie Dann, que Carnaval Carnaval, te quiero, y así lo han demostrado este sábado de San Valentín muchos vitorianos que han salido a sus arterias a bombear alegría, pasión y mucho amor en unas fiestas en honor a don Carnal de lo más invernal que se recuerden, con siete grados de máxima y una lluvia incesante. Y es que los flechazos suelen surgir así: en el peor momento posible. Y Oriana, la enésima borrasca en lo que llevamos de este año 2026, no lo ha puesto nada fácil, pero poco importa cuando son correspondidos.
“Somos de Vitoria así que hay que pasarlo bien”, resumía a la perfección el León, en este caso valiente, del Mago de Oz, encarnado por el vitoriano Txus acompañado de Miren, La Bruja del Este, al poco de poner un pie en la estación de tren de Dato, en busca de Dorothy, con la que esperaban a unirse a la fiesta después de que su amiga interpretara a una de los pintores de Vitoria.
“Vamos de Mago de Oz, pero de la versión de 1939, ¿eh?”, remarcaba esta pareja que siempre se disfraza con sus amigos.
“Luego nuestro plan es comer en un restaurante, merendar torrijas y ver el desfile desde un balcón de Ortiz de Zárate. Es cierto que los ánimos están un poco más bajos por la lluvia, pero el cubata después de comer en vez de en la calle, nos lo tomaremos en casa”, decían.
A Mordor
Y es que al mal tiempo buena cara, como la gran magia que obró al llegar a la estación de tren con su inigualable presencia Gandalf el gris, con la que se olvidaban todos los males. Llegó a la Vitoria de Mordor desde la Tierra Media, desde Madrid, ex profeso, “para vivir al Carnaval porque soy de aquí”.
Lo hizo acompañado, cómo no, de Frodo, su pequeño Nico, de 2 años, de Blanca, la benjamina de la casa, de 10 meses, y de la madre de las criaturas, Patricia, “a la que le tocaba ir de Gimli, pero no se ha animado”, matizaba, entre risas él, porque el humor reinaba en la capital y en la estación, pese a la que caía.
¿CON ZANCOS HOY?
Entre ellos, entre los zancudos del grupo de teatro K de calle.
“No vamos a poder hacer el recorrido este año. Normalmente, lo hacemos con tres catapultas que van echando humo, así que esta vez nos toca quedarnos en la estación, aunque estas baldosas también son algo peligrosas, resbaladizas, por todo el calzado mojado de la gente que va entrando. No sabemos quién será el gafe”, se preguntaba Michel Mondrón, uno de su media docena de integrantes.
“Me temo que Oriana, la última borrasca”, le aclaraba la que escribe estas líneas.
Cuando faltaba poco para que el reloj marcara la una de la tarde, fueron llegando más gasteiztarras. Entre ellos, Josu y sus pequeñas Maider, de 5 años, y Leire, de 3, disfrazados de mariquitas.
“En principio, vamos a ir disfrazados con toda la cuadrilla, pero estoy revisando el móvil ahora, porque no todos somos tan valientes”, reconocía este vitoriano.
Buena camada
Esta terminal de trenes también fue el punto escogido de la ciudad para una gran reunión familiar de una buena camada de dálmatas. Se trataba de la vitoriana Puy, sus dos hijos, con sus respectivas parejas, nietos (Claudia, de tres años, y Miguel, de ocho meses) y los primos Vega y Alfredo, entre otros muchos.
“La lluvia va a hacer que hagamos menos planes de calle, pero seguimos con los que teníamos previsto. Vamos todos en familia, a ir a ver a los Pintores y luego a un restaurante de la ‘Kutxi’ y a tomar café al Aldapa”, explicaban.
El disfraz, a priori, era abrigadito. “Lo elegimos tras una encuesta familiar, pero no te creas, que es un muy fino, vamos forrados por dentro”, aclaraban estos simpáticos perros a los que no les faltaba ni el collar, ni tampoco el paraguas.
DESFILE DE PARAGUAS
Porque si otra cosa reinó entre todos los que no se quisieron perder la llegada de los Pintores y su pasacalles, fue el desfile de paraguas. “Venimos ansiosos a disfrutar del mejor carnaval del mundo: el de Vitoria”, llamaron a su fiesta desde el escenario de la plaza del Arca, con menos público que otras veces por la lluvia, y ante la mirada de El Caminante también disfrazado de pintor.
Falló eso sí, la aparición estelar del cabezudo Pintor de Vitoria, el de pelo blanco, que acompañó a los mismos por primera vez el año pasado y esta vez no lo hizo al no poderse mojar, como avisó la Comparsa desde sus redes sociales.
Pero no faltaron ni las coplillas que hicieron alusiones a las huelgas de Vitoria o a la Zona de Bajas Emisiones, ni el “contra bando” de Cecilio, el nieto del alguacil, con varias peticiones.
BALIZA
Entre ellas, la de la falta de luz en las calles porque a este paso “nos vamos a tener que poner una baliza en la cabeza” y una última:
“Queda prohibida la tristeza y desaliento. Siempre que sea posible al corazón hay que tenerlo contento”.
Las casi 7.000 personas y 29 comparsas que participarán en el desfile de la tarde así lo dejarán claro al mundo entero. Y lo mismo harán los que bailarán sin parar en la verbena de Akerbeltz en la Plaza Nueva o por el centro con la elektrotxaranga, a cargo de Skapie.
Porque todo se olvida en Carnaval, como bien vaticinó el gran icono de los hits veraniegos.