Desde comienzos de 2026, Cáritas Diocesana de Vitoria tiene nuevo director. Se trata de Jaime Tapia, con una amplia trayectoria vinculada al ámbito de la justicia y una convicción clara: la justicia solo es plena cuando sitúa a la persona en el centro. Así lo defiende a lo largo de su conversación con DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA, en la que analiza la realidad social de Vitoria-Gasteiz, las desigualdades del siglo XXI y los principales retos que afronta Cáritas.

En primer lugar, ¿qué pensó cuando se le propuso dirigir Cáritas Diocesana de Vitoria?

Fue básicamente una propuesta del obispo, a quien conocía por distintas razones, entre ellas porque formo parte de la oficina de atención a víctimas de abusos sexuales que puedan haber cometido personas relacionadas con la Iglesia. Poco tiempo después de jubilarme me hizo esa propuesta y, al principio, me quedé un poco sorprendido. No soy de las personas que creen que se deba aceptar cualquier cargo que te propongan; también pienso que, si no puedes aportar nada, no merece la pena. He sido juez de menores, lo que ya me involucró mucho en temas sociales, porque implicaba una intensa relación con otras instituciones.

Jaime Tapia, nuevo director de Cáritas Vitoria Alex Larretxi

¿Cómo afronta esta nueva etapa?

En cierta manera, puede ser un colofón a las experiencias profesionales que he desarrollado a lo largo de mi vida. Lo afronto como un compromiso social y creyente de servicio a la sociedad y, en concreto, a las personas excluidas o en situación de exclusión social. Todo ello desde una mirada de derechos humanos y de dignidad de las personas que padecen estas situaciones, aportando también mi experiencia en determinados ámbitos para intentar mejorar, si es posible, el desarrollo del encomiable trabajo que realizan las cerca de 38 personas contratadas y los aproximadamente 600 voluntarios que colaboran en Cáritas en diferentes programas.

Desde su llegada a Cáritas, ¿qué retrato puede hacer de Vitoria-Gasteiz?

En Vitoria, con los servicios públicos, es verdad que se ha podido decaer un poco respecto a otras épocas, pero todavía se mantienen en niveles altos ámbitos como la sanidad, la educación o los servicios municipales, y eso es innegable. Al mismo tiempo, existe una realidad un poco encubierta o invisible: la de las personas que están en exclusión, que viven en pabellones porque no hay soluciones habitacionales, o personas que, aun teniendo trabajo, llegan a final de mes con dificultades y desean integrarse y ejercer plenamente sus derechos en esta sociedad. El problema de la vivienda lo percibes como ciudadano a través de las noticias, de conversaciones o de la realidad de los hijos de amigos. Pero en Cáritas lo ves de una manera más profesional, más objetiva. Hay una parte de la sociedad a la que le cuesta llegar a final de mes y otras personas que directamente se quedan en los márgenes y no llegan a disfrutar de todos los beneficios y derechos de los que goza la mayoría de la ciudadanía.

"Es necesario equilibrar la riqueza y apoyar a quienes tienen más dificultades para acceder a una vivienda digna o a servicios mínimos que permitan ejercer plenamente sus derechos ciudadanos"

¿Qué cree que falla para que incluso personas con empleo no lleguen a fin de mes?

Falla una desigual distribución de la riqueza. Los estudios lo dicen claramente. En particular, el problema de la vivienda es primordial. La vivienda es un derecho y, además, en el País Vasco está reconocido el derecho a una vivienda digna. Sin embargo, hay personas cuyos ingresos se ven absorbidos en gran medida por el alquiler. El alquiler es el gran problema. Alquilar una vivienda o incluso una habitación a precios que pueden considerarse desorbitados, como 600 euros por una habitación o 1.200 o 1.300 euros por una vivienda. Ahí es donde las administraciones públicas deben actuar para solventar una urgencia social derivada del encarecimiento de la vida y del coste actual de servicios básicos y productos alimentarios. Aunque el Producto Interior Bruto crece en términos generales, hay personas que no llegan. Es necesario equilibrar la riqueza y apoyar a quienes tienen más dificultades para acceder a una vivienda digna o a servicios mínimos que permitan ejercer plenamente sus derechos ciudadanos.

¿Qué es lo que más demandan las personas que acuden a Cáritas?

Nuestros documentos de intervención reflejan claramente que el problema de la vivienda es central. Una parte importante de los recursos de Cáritas se destina al acompañamiento. No se trata simplemente de dar, sino de acompañar a personas que quieren insertarse y salir de la exclusión, ayudándolas en los primeros momentos, que suelen ser los más difíciles. El objetivo final es que puedan acceder al mercado laboral, obtener salarios dignos y pagar su vivienda y otros servicios básicos. En este sentido, apoyamos especialmente el pago de alquileres o de suministros como la luz, el agua o la calefacción. La exclusión social también tiene mucho que ver con personas que vienen de otros países con un proyecto de vida. El informe Foessa demuestra que estas personas no vienen a otra cosa que a intentar construir ese proyecto en un país que ofrece oportunidades laborales, porque existen necesidades ocupacionales claras. Muchos sectores no podrían sostenerse sin estas personas. Vienen a trabajar, a formar una familia y a convivir respetando las normas, algo fundamental para una convivencia pacífica en la que quepamos todos.

¿Cómo describe el momento actual que viven las personas migrantes en Álava?

Dentro de las dificultades que tienen, los problemas jurídicos son especialmente relevantes. En los talleres ocupacionales y prelaborales, la mayoría de las personas están sin regularizar, por decirlo de forma coloquial. Se les puede ofrecer formación, pero luego encuentran grandes dificultades para acceder al empleo porque las empresas exigen documentación. Para muchas de estas personas, la regularización es positiva, ya que les permitiría acceder a sectores muy necesitados de mano de obra, como los cuidados, la construcción o el sector primario. Sin embargo, se topan con una realidad tozuda: no consiguen trabajo tan rápido como esperaban, no tienen acceso a vivienda y acaban viviendo en condiciones que son indignas, en pabellones abandonados, locales o viviendas hacinadas.

"No defendemos ayudas sociales de por vida, salvo en aquellos casos en los que sea inevitable, como ocurre también con personas nacionales"

¿Cuál es el papel de Cáritas en la actualidad?. 

Cáritas es la expresión de la acción social de la Iglesia. La Iglesia, en materia social, puede considerarse una organización muy progresista; el mensaje del Evangelio va en esa línea. La pobreza ha existido siempre y probablemente no desaparezca nunca, pero la Iglesia quiere que las personas pobres recuperen su dignidad como seres humanos y sean respetadas. Cáritas se posiciona claramente en esa línea. Si se analizan sus informes y estudios, se observa que ha sido una de las instituciones que ha impulsado procesos de regularización, haciendo hincapié en la necesidad de que las personas migrantes puedan integrarse lo antes posible. Desde esta perspectiva, abogamos por una mayor igualdad social y contribuimos, con los medios limitados de los que disponemos, a reducir las desigualdades. Nuestro planteamiento no es asistencialista. Cáritas acoge, acompaña y ayuda en procesos de inserción. No se trata de ayudas sin horizonte, sino de acompañar a las personas para que puedan alcanzar una vida digna: un trabajo, escolarizar a sus hijos, acceder a la sanidad, contribuir con impuestos al bienestar común. No defendemos ayudas sociales de por vida, salvo en aquellos casos en los que sea inevitable, como ocurre también con personas nacionales. Nuestra perspectiva es la de la igualdad, los derechos humanos y la protección social de las personas más desfavorecidas.