'La voz humilde en el brillo del agua’', entre los bosques de Zabalgana y Armentia
El escritor Kepa Murua regresa a la poesía con su nuevo libro
Sus paseos por diferentes puntos de la capital alavesa siempre han sido habituales. Pero los que han terminado cristalizando en su último poemario diferían un tanto de otros. En este caso, se salían de lo urbano para adentrarse en los bosques de Zabalgana y Armentia. Y en el caminar no había distracciones, unos casos en los que ir escuchando música, una mirada más o menos constante al teléfono móvil, un encontrase con este o aquella, un... No, nada de eso. Como mucho, una libreta a mano para ir anotando, para que Kepa Murua fuese dando forma y fondo a La voz humilde en el brillo del agua (Olé Libros).
“Muchas veces no nos paramos a pensar en lo que hacemos”. No le falta razón al escritor. Todo va demasiado deprisa. Es precisamente una de las cuestiones que él buscaba, y sigue haciendo, con estos recorridos entre el paisaje. Caminar y estar presente en el momento, acariciando el aparente silencio de la naturaleza. “Este es un poemario que tiene mucha fuerza y luz”, dice Murua en torno a una publicación que también se sirve de las ilustraciones de Anxo Pastor.
“Un concierto de rock es un paseíto comparado con la paliza física de esta obra”
“Eran paseos para pensar dónde iba, qué hacía, para reflexionar sobre mi vida personal y profesional. Por eso ha salido un libro muy zen, muy del presente” en el que “se habla mucho del ser humano sin que esté”. Entre estas páginas “se habla de despertar, transparencia, divinidad... Quizá de unas palabras que no se utilizan tanto en la poesía actual, sino en la poesía más mística. Eso sí, yo no me considero místico. No lo soy. Pero sí que noto una trascendencia en lo que escribo”, algo que se percibe en La voz humilde en el brillo del agua.
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La metáfora
Ese paisaje le sirve a Murua para aislarse de un mundo donde el ruido imperante parece querer ahogarlo todo, pero no para quedarse allí, sino para que el escritor reflexione e invite a ello al público, a quienes quieran, sin moverse, pasear por los pensamientos propios. “Lo que quería era hacer un libro detenido, tranquilo, paciente, que hiciera reflexionar, porque el mundo está como está”.
“Aquí se habla de despertar, transparencia, divinidad... Quizá de unas palabras que no se utilizan tanto en la poesía actual”
Ahí es el juego de la metáfora el que marca el paso. Y lo hace en recorridos tanto de primavera como de crudo invierno, a pleno sol o bajo la lluvia, al amanecer –la mayoría– o cuando la oscuridad de la noche v a abriéndose su propia senda. “En el bosque, los ritmos son diferentes”.
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Así se refleja en un poemario escrito hace ya más de dos años –con la resaca de la pandemia presente–, aunque es ahora cuando ve la luz. Con todo, el escrito asume que está en la misma línea de lo que está creando ahora, que parte de una “mirada más amplia a la vida y también de una mirada más detenida porque ya tengo 60 años, no 30”.
Amor, deseo, tiempo, salud mental... intentar resumir en pocos conceptos todo lo que aborda este poemario sería del todo imposible e inútil. Solo queda dejarse llevar por sus letras, por unos poemas que se van sucediendo sin aparente título aunque hay un juego visual en cada inicio que tiene su importancia. Son cuestiones a descubrir por quienes se asomen a esta nueva creación.
