El Félix Petite acogerá dos sesiones de ‘La ópera de los tres centavos’ los próximos 6 y 7 de marzo con el rockero Coque Malla dando vida a Mack The Knife. Esta obra teatral en un prólogo y tres actos, es una feroz crítica al capitalismo escrita por Bertolt Brecht y musicada por Kurt Weill. Participan 14 artistas, con música en vivo y dirección de Mario Vega.
Después de protagonizar la gira de sus 40 años de música, ¿necesitaba un cambio?
Sí, una especie de volantazo, y está siendo muy interesante por muchas razones. Fue algo cósmico, ya que empezaba a sentir cierta sensación de rutina con la música, aunque esta sea maravillosa, tras la gira de mis 40 años y con tantos conciertos. Al final, España es muy pequeñita y le he dado la vuelta con mis giras; y no digamos a Euskadi en los últimos años. Justo en ese momento me llamó Mario Vega para hacer un personaje de la talla de Mack The Knife.
Un clásico imperecedero.
Si le preguntas a Robert de Niro, por ejemplo, ¿qué cinco personajes de la historia te gustaría hacer? Uno sería Mack The Knife, seguro. Es uno de los grandes iconos de la interpretación y la aspiración de cualquier actor. Y detrás está Brecht.
De familia de actores y directores, el teatro es su segunda casa. ¿Estaba familiarizado con ‘La ópera de los tres centavos’?
Mi padre no la montó nunca y mi madre no me suena que actuara en ella, quizás sí hiciera algún papel en alguna otra obra de Brecht. De lo que sí se acuerda mi hermano Miguel es que Juan Margallo y su pareja, Petra Martínez, que eran amigos cercanos de mis padres, sí la pusieron en escena con la compañía Tábano cuando todavía vivía Franco. Era teatro casi clandestino, yo era muy niño y no me acuerdo.
¿Nunca dudó al dar este salto tan importante en su carrera?
No voy a negar que ha habido momentos de cierto vértigo. De entrada, tenía que memorizar, algo que nunca había hecho aunque sí he trabajado bastante en el cine. Allí me bastaba con memorizar cuatro o cinco folios para hacer una escena determinada al día siguiente; y además, en cine tienes la posibilidad de repetir la toma. Aquí me vi con un tocho enorme que aprender, pero resultó más sencillo de lo que pensé. En apenas 15 días me lo sabía, lo que me tranquilizó.
¿Ha sido dura la preparación del montaje?
Hemos ensayado unos dos meses y aunque al principio me sentí un poco rígido, me fui soltando. Por fin hubo un ensayo en el que me lo pasé como un enano y eso me tranquilizó. Habrá funciones mejores y peores, pero vi que podía hacerlo. Ahora, después del exitoso estreno en Canarias, siento que tengo agarrado al personaje. Va todo como un tiro y al ser una gira larga me permite probar cosas en las diferentes funciones, de ponerme más violento o más dulce en alguna escena. Las posibilidades son infinitas.
“Esta obra es una fotografía del alma humana en la que no hay buenos; es un retrato incómodo del ser humano, pero en clave de comedia”
¿Es exigente hacer Mack The Knife? Es que le veo muy delgado.
Todo el mundo me lo dice, pero no he hecho nada especial. Sí he de decir que, desde el punto de vista físico, esta obra es una paliza. Incorpora mucha tensión y movimiento, y hasta sufro un ahorcamiento. Un concierto de rock’n’roll es un paseíto si lo comparamos.
A más de uno le sorprenderá aunar su nombre al de una ópera, aunque esta no sea al uso.
Eso es, no es una ópera como tal, sino una parodia de ellas. Es lo que buscaba Brecht, ya que en aquella época, a principios del siglo XX, la ópera trataba asuntos muy tontorrones sobre enamoramientos en la alta sociedad. Lo de Brecht es una burla que incorpora un texto de un peso espiritual, social y emocional tremendo.
Y luego está la música de Kurt Weill.
Es brutal también. Brecht y Weill firmaron dos obras maestras perfectamente ensambladas. Es como ET y la banda sonora de John Williams, por ejemplo.
Representa a Mack The Knife, un icono cultural y humano al que han dado vida grandes actores y puesto voz desde Sinatra a Sting o su admirado Rubén Blades.
Eso puede acojonar, claro, pero es un regalo. Yo prefiero acojonarme de otras cosas en la vida. Como decía David Bowie, el arte es el único ámbito en el que puedes estrellar tu avión y salir ileso. Y estoy dispuesto a ello. Además, nadie me va a condenar a muerte aunque no esté absolutamente brillante. Eso sí, he estudiado y trabajado a muerte con el alma y el corazón, y lo estoy disfrutando mucho.
“He vivido momentos de vértigo, pero necesitaba dar un volantazo a mi carrera. Eso sí, ya empiezo a echar de menos los conciertos”
El texto sigue vigente en 2026.
Pues sí, pero como en los grandes clásicos del teatro o la literatura, este tiene una lectura primera y obvia de crítica al capitalismo con un carácter político y social, pero incorpora algo más profundo que solo saben hacer los grandes artistas y autores: una fotografía del alma humana. Con lo bueno y lo malo. En este caso, se escora hacia lo malo porque aquí no hay buenos, sino oprimidos y explotados. Al final, todo el mundo busca salir adelante a cualquier precio. Mack es el jefe de la banda, un hijo de puta que oprime a los suyos, pero ellos también acaban oprimiendo al que está por debajo. No hay buenos, es un retrato incómodo de nosotros mismos.
Se escribió en el periodo europeo de entreguerras. Después llegó el nazismo.
Sí, cierto. Al final, lo que se retrata está en el alma humana, desde las cavernas hasta ahora. Siempre estamos al borde del caos y de la auto aniquilación como sociedad. Para eso sirve el teatro y la buena literatura, para reflexionar sobre nosotros como seres humanos. Espero que cuando la gente salga del teatro y se vaya a su casa le vengan estos pensamientos que buscan entendernos mejor a nosotros mismos. Además, no todo es sórdido, las dos horas que estén en el Arriaga se van a emocionar y mear de la risa con un musical acojonante y trepidante. No deja de ser una comedia.
Su hermano Miguel es el responsable de la dirección musical y de la orquesta que toca en directo.
Me acompaña casi siempre en mi trabajo. No somos los Gallagher de Oasis, nos llevamos bien (risas). Que conste que lo trajo Mario, no yo. Y acertó porque Miguel es un apasionado de la obra de Weill y especialmente de esta ópera. Él llevaba tiempo pensando llevar sus canciones a un concierto y ya había hecho alguna adaptación de la partitura. Ha hecho un trabajo espectacular, de chinos, para que la transcripción digital de la partitura fuera correcta.
Entre los siete músicos aparece Pablo Novoa, un histórico que perteneció a Golpes Bajos.
Y no solo toca, también hace de actor en un papel pequeño. Yo al principio dudaba de que este pavo pudiera hacerlo porque no es actor. Y el tío se ha ido metiendo y metiendo... y está estupendo.
Va estar con la ópera todo el año. ¿Echará de menos el rock?
Ya me pasa; de hecho, lo estoy echando ya tanto de menos que nos vamos a montar algún concierto. No digo dónde, cuándo ni cómo, pero habrá alguna reunión clandestina con mi banda para quitarme el mono.
Y ya en 2027, ¿habrá disco nuevo y su gira correspondiente?
Sí, estoy trabajando ya en canciones. No lo hice en los meses de ensayo de la obra, cuando estaba como embarazado, en una inmersión absoluta. Fue duro, me desvelaba pensando en ella. Ahora, ya estrenada, tengo día libres y estoy repasando bocetos y organizándome. Seguramente grabaremos en primavera de 2027 y el disco y la gira la dejaremos para otoño.
Quizás sea pronto, pero esta experiencia teatral seguro que dejará algún poso en su obra.
Absolutamente, pero tienes razón, es pronto para saberlo aunque algo se filtrará. Con la pandemia me pasó que año y medio después publiqué Aunque estemos muertos, mi último disco de estudio. Estaba influido por la oscuridad, la fragilidad y la muerte. Seguro que me pasará lo mismo ahora. Igual me sorprendo cuando empiece a tirar del hilo de las letras y arme el conjunto.
Y con la voz, parecido.
Sí, he tenido que hacer un trabajo específico para la obra y me ha resultado lo más difícil. Ahí sí he tenido momentos de dudas, de saber si podría con ello. Sobre todo porque la Fundación Kurt Weill, que protege su legado, no permite variaciones de la partitura original. Es una putada para los cantantes porque hay canciones que nos vienen muy altas o bajas. ¿Que cómo lo he conseguido? Pues apretando el orto, que diría un argentino (risas).