Después de dos días oficiales de certamen y otros dos más oficiosos, por fin este miércoles por la noche el Festival de Jazz de Gasteiz celebró su primera doble sesión en su escenario central, Mendizorroza. Habrá que piense que más vale tarde que nunca, pero es evidente que algo en la agenda de este año no está muy equilibrado.
Más allá de esta cuestión, un polideportivo con algo más de media entrada, afrontó un programa que se abrió con todo un estreno de la mano de Baldo Martínez, además realizado de manera específica para la ocasión, y que se completaba con un regreso muy esperado, el de Maria Schneider. Se compuso así un cartel con dos partes bien diferenciadas en formas y fondos, aunque también con nexos en común, sobre todo en lo que se refiere a esa necesidad imperiosa de búsqueda constante que marca a los protagonistas de la noche.
A eso de las ocho y media de la tarde le tocó subir el simbólico telón a Martínez, acompañado por un sexteto bien armado que, además, suponía el regreso al certamen de la excelente baterista Lucía Martínez, uno de los nombres propios que se grabó a fuego en la memoria del certamen de 2021. Desde el pasado lunes, el sexteto conformado por el contrabajista se encontraba en Vitoria ultimando Música Imaginaria, proyecto que nació tras la invitación realizada por el Festival de Jazz de la capital alavesa, una propuesta en la que el certamen dio carta blanca al creador.
La idea original partía de invitar al músico gallego a plasmar en una obra gran parte del universo que le caracteriza, esos sonidos que pueden hablar de folklore y tradición pero también de jazz más actual y de la improvisación libre. Así se pudo comprobar en este acertado estreno de una pieza que es de esperar que tenga continuidad en otros escenarios. A pesar de que nadie había podido escuchar la música antes, el personal entró fácil en la propuesta, disfrutando de todo un viaje sonoro.
Con su nuevo trabajo
Tras el descanso de rigor, Mendizorroza se preparó para reencontrarse con Maria Schneider quince años después de su visita al mismo escenario, en aquella ocasión con su big band. Esta vez, sus acompañantes fueron los miembros del Oslo Jazz Ensemble. Todo ello para compartir con el público buena parte de su última creación, Data Lords, que vio la luz en 2020, ese año tan extraño y complicado .
Schneider cuenta con dos características fundamentales que viene repitiendo a lo largo de su ya reconocida trayectoria. Por un lado, esa capacidad artística que parece no tener fin y que siempre está inquieta, buscando nuevos precipicios por los que asomarse. Por otro, la inteligencia para saber rodearse de músicos que tienen claro cómo llevar a la práctica todo aquello que la compositora y directora de Minnesota tiene en la cabeza, una tarea que no debe ser nada sencilla. Tampoco para el público. La suya es una propuesta que exige.
Desde la belleza y calidad que siempre caracteriza su música, la creadora compartió con el público la parte fundamental de la filosofía que está detrás de este trabajo, esa contraposición entre lo natural, lo físico, lo humano y el mundo digital que impera hoy.