Era sabido que algo tenía que salir muy mal esta tarde en el Festival de Jazz de Vitoria para que el reencuentro con James Brandon Lewis siete años después no estuviera a la altura. Eso sí, las cosas de los aviones han estado a punto de fastidiar el momento. Ha habido que esperar 30 minutos a que el saxofonista y compositor norteamericano y el público del Principal se vieran las caras, aunque hay ocasiones en las que la espera merece, y mucho, la pena. 

Sin mediar palabra, con temas largos y densos, poniendo el listón bien alto desde el primer momento, y sabiendo qué y cómo quería contar, el músico ha cosido una actuación en la que no se ha notado ni el estrés de día que llevaban él y su banda por el tema del vuelo cancelado para venir a Vitoria ni el hecho de tener que hacer la prueba de sonido a todo meter. A los dos segundos, todo ha quedado olvidado. También por parte de un respetable que ha disfrutado y se ha dejado atrapar por la densidad y la intensidad de la propuesta. Tonterías las justas, aquí se ha hablado en serio de jazz.

A eso ha ayudado, y mucho, el hecho de que esta vez el artista ha venido con sus compañeros habituales de los últimos tiempos, con los que ha grabado, además, su último disco, Code of Being. Unos notables Aruán Ortiz (piano), Brad Jones (bajo) y un sobresaliente Chad Taylor (batería) han hecho que todo se multiplicase. 

En esta edición del Festival de Jazz de Vitoria se están viendo, por desgracia, varios proyectos sin recorrido anterior, lo que penaliza el resultado final. Lo de esta tarde en el Principal ha sido todo lo contrario, es decir, cuatro músicos que están en la misma onda, que comparten idea y criterios, y que saben hacer crecer sus individualidades en favor de un único objetivo que es el sonido conjunto que se ofrece al público. Así sí.