El método de lucha contra la polilla del racimo (Lobesia botrana) mediante técnicas de confusión sexual lleva tiempo demostrada para combatir esta plaga eficazmente mediante técnicas sostenibles. Aunque este sistema de control lleva tiempo implantando en zonas vitivinícolas, y en algunas concretas dentro de la Denominación de Origen Rioja con excelentes resultados, no está lo suficientemente implantada en las comarcas de Álava, por lo que la Diputación Foral tiene "gran interés" en promover su aplicación.

Para ello, en los presupuestos de gastos para el ejercicio 2026 existe una partida con "crédito suficiente" (40.000 euros) para estas ayudas, para que abre plazo de presentación de solicitudes entre el 15 de julio al 10 de agosto, tal y como anuncia en el Boletín del Territorio Histórico de Álava (BOTHA).

Los lugares para ello son el registro general de la Diputación o los de las Oficinas de Hacienda de Vitoria, Laguardia y Llodio.

Cómo funciona

La técnica de confusión sexual ha ido ganando protagonismo como alternativa al uso de insecticidas. Para ello, se basa en el empleo de feromonas sexuales sintéticas, compuestos que los insectos utilizan de forma natural para comunicarse durante el apareamiento.

Estas feromonas sintéticas se liberan en cantidad suficiente y durante el tiempo necesario para cubrir todo el periodo fenológico de la plaga. Esta liberación se realiza mediante difusores distribuidos por la parcela, generando una saturación de feromona que interfiere en el comportamiento de los insectos. Los machos, incapaces de localizar a las hembras, no logran aparearse, lo que se traduce en una reducción progresiva de la población.

Este efecto puede producirse por dos vías: bien porque los machos son atraídos hacia los difusores en lugar de hacia las hembras (competitivo), o bien porque quedan completamente desorientados y pierden la capacidad de encontrar cualquier fuente de feromona (no competitivo). En ambos casos, el resultado es el mismo: sin apareamiento no hay descendencia, y la plaga disminuye generación tras generación.

Además, también se ha probado su causa-efecto a la hora de evitar las heridas que también facilitan la entrada de patógenos como Botrytis, en el periodo de maduración de la uva, afectando a la calidad del fruto y, por tanto, de los vinos. 

Tradicionalmente, se ha aplicado sobre polillas, ya que son insectos que dependen en gran medida de estas señales químicas para localizarse y reproducirse.

Sin embargo, en los últimos años se están desarrollando experiencias en otros grupos, como las cochinillas, lo que abre nuevas opciones y confirma el potencial de esta técnica en el futuro.