Desde la sala Jimmy Jazz a Mendizabala sin salir de la capital alavesa. No es la primera vez, ni mucho menos, que quienes están detrás del escenario de la calle Coronación impulsan o toman parte en la producción de un festival o un evento de envergadura, pero es evidente que Batbatean es un salto más que destacado.
Es una primera edición y es evidente que no todo va a salir perfecto al 100%. Asumiendo esto, ¿qué tiene que haber pasado para que el domingo 17 de mayo sientan que el balance es positivo?
–Pues que todo haya salido bonito (risas). No es el primer evento un poco grande que hacemos, pero sí es el de mayores dimensiones de los que hemos realizado hasta ahora, sobre todo en el tema de infraestructuras. Claro, estamos hablando de cinco escenarios, tres de ellos muy grandes, con todo lo que ello implica. A partir de ahí, espero que todo suceda sin ningún incidente reseñable y que el tiempo nos acompañe.
Eso en Vitoria...
–Igual, si estuviéramos hablando hace 15 años, me estaría dando más vértigo. Pero veremos ahora, porque el tiempo está cambiando. Además, la temporada de festivales empieza cada vez más pronto y encontrar un hueco en verano es casi imposible. Más allá de todo esto, lo importante es el cartel, que lo hemos hecho con mimo. Nos hemos querido olvidar de los formatos de cabezas de cartel y luego la segunda, la tercera, la cuarta línea... Este festival se ha hecho de manera diferente y espero que hayamos acertado. Y ojalá quede la sensación entre el público de que, aún siendo un festival de unas determinadas dimensiones, el estar en Mendizabala haya sido cómodo y accesible en todos los aspectos, y que podamos dar una atención lo más personalizada posible ante cualquier circunstancia que se pueda producir.
El espacio
¿Cuándo empezarán a montar todo el recinto?
–El lunes 4 de mayo. A partir de ese día, ya no saldremos más del recinto (risas).
Es Mendizabala un lugar ya baqueteado en estas historias y ustedes tienen mucha experiencia en estas cuestiones, pero seguramente es el gran reto de una primera edición, adentrarse y asentarse en el lugar.
–Eso es, lo más complicado es trasladar todas las ideas que tenemos al espacio físico. Es un sitio que nosotros no hemos trabajado como tal más allá de cuando se hacía Arabatakada por ejemplo, aunque lo conocemos bien. Sí, es un lugar asfaltado, que tiene tomas de agua, luz... pero en el que realmente hay que currar en este sentido. Llevamos meses con la preparación de todo el tema de la infraestructura, yendo para adelante, volviendo hacia atrás... Es que, al final, es como montar una pequeña ciudad. No hablo de momentos de frustración, pero sí vives algunos procesos con un poco de nerviosismo porque nos estamos enfrentando a infraestructuras y presupuestos de unas dimensiones que hasta ahora no habíamos tenido.
"Después de 18 años en Jimmy Jazz siguen latentes en nuestro interior las ganas de hacer cosas a las que no nos hemos enfrentado nunca"
Musicalmente se ha construido un cartel muy, muy variado, cuando Jimmy Jazz en citas como Gasteiz Calling, Mugako o Mondra&Roll siempre ha apostado por una línea muy definida.
–Igual lo hemos hecho porque nos quedaba por probar esto. Después de 18 años en Jimmy Jazz siguen latentes en nuestro interior las ganas de hacer cosas a las que no nos hemos enfrentado nunca. Eso es muy importante. La idea de hacer Batbatean nos empezó a rondar cerca de tres años. En este tiempo, hemos mirado localizaciones en Nafarroa y algo en Gipuzkoa. Incluso valoramos la posibilidad de hacerlo en un pueblo. Es decir, hemos ido valorando muchas cosas. También esa intención de no hacer un festival muy de nicho, por así decirlo. Por supuesto, queríamos hacer algo bien programado pero no solo de un estilo. No me entiendas mal, queremos seguir haciendo cosas muy especializadas y eventos de medio aforo o pequeño. Lo importante es ser coherente con lo que haces y con el discurso que quieres llevar a cabo. Y en este caso en concreto, la idea nació desde una reflexión a partir de la propia actividad de Jimmy Jazz.
"Las instituciones están acostumbradas a que su único interés con respecto a un festival es que atraiga gente de fuera”
¿En qué sentido?
–A base de trabajar aquí hemos visto crecer una escena en Euskal Herria compuesta por bandas que llenan la sala pero que, de alguna manera, suelen pasar desapercibidas para la propia industria. No juegan a lo que marca la industria, sino que mantienen, por así decirlo, cierto amateurismo. No están en los códigos de esa industria tan sumamente mercantil que se ha ido creando con los años en torno a la música en vivo. Queríamos un festival para esas bandas pero también para el público de Euskal Herria. No quiere decir que no estemos encantados si viene un autobús de Andalucía, pero no hacemos un cartel para que eso tenga que pasar. El concepto de este festival era aglutinar a todo ese público joven y no tan joven y hacerle un planteamiento muy amplio y diverso. Hay dos estilos más presentes, por así decirlo, como el punk rock y el urbano o el rap. Pero hay pinceladas de ska, de cumbia, de... Y creemos que todo encaja muy bien. Todo ello lo estamos construyendo desde el mismo discurso que hemos tenido siempre.
El de que esto es un trabajo.
–Exacto. Siempre hemos reivindicado que esto es un trabajo igual que cualquier otro, igual de digno, igual de difícil, igual de reconocido. No estamos de fiesta ni hacemos solo que nos gusta. Esto es un curro que muchas veces implica hacer un montón de cosas que no tienen nada de divertido. Esto es un trabajo que tiene sus satisfacciones, su estrés, sus esfuerzos... y es un curro en el que nos queremos jubilar. Para eso también tenemos que alimentar una escena que lo haga posible. Por eso también nace Batbatean. Nos emociona hacer este festival, igual que nos emocionaría poder volver a hacer Mugako, que es algo que llevamos diez años intentando.
El público
Más o menos, ¿cuánta gente esperan cada día?
–Unas 8.000 personas como mínimo cada jornada.
No es mal número.
–Para nada. Por mucha experiencia que tengas de otras propuestas, cuando sacas adelante la primera edición de un festival tú vuelcas tus ideas, energías y pasiones pensando que todo va a funcionar. Pero no lo sabes de verdad hasta que no lo sueltas. Bueno, alrededor de un 90% del cartel ha pasado por Jimmy Jazz y sabes que funciona. Pero hasta que no das los primeros nombres no sabes qué respuesta se va a dar. En este caso, desde el principio, hemos visto que la gente ha reaccionando muy bien, aún sabiendo que en mayo hay otros festivales relativamente cerca. Desde hace tiempo se habla de la burbuja de los festivales. Y existe, pero la realidad es que no se está pinchando. Es un formato que no para de crecer, más allá de que alguno pueda caer.
Vale, hay un respaldo del público que es evidente en la taquilla. ¿Hay un respaldo de las instituciones?
–No, no. Hay una ayuda, pero no un respaldo. Existe una interlocución con las instituciones y con los diferentes departamentos con los que tienes que ir gestionando diferentes cuestiones. Va a haber un convenio con el Ayuntamiento de Vitoria. Pero es cierto que este certamen se sale de las coordenadas mercantilistas con respecto a otros festivales. Se hacen estudios de impacto económico sobre este tipo de eventos que realizan los mismos que los organizan. No hay garantía de independencia. Hay dinámicas que venimos arrastrando desde hace años en toda la industria y nos encontramos, en general, ante instituciones acostumbradas a que su único interés con respecto a un festival es que atraiga gente de fuera a una ciudad. Eso y aparecer en el informativo de La 1 o de La Sexta o en cuatro medios muy grandes. Claro, nosotros justo vamos al revés.
¿A qué se refiere?
–A que buscamos fortalecer una industria vasca propia, que, de por sí, tiene un mercado limitado. Para nosotros es importante es ir fortaleciendo un contexto en el que las bandas vascas tengan presencia y se puedan dar a conocer de verdad. No es cuestión de que toquen a las cuatro de la tarde ante pocas personas. Buscamos generales un entorno, en este caso industrial, lo más fuerte posible para que pasen cosas como que Brigade Loco pueda ir a actuar a México y a Irlanda. Podemos seguir avanzando en este marco cada vez más capitalista y mercantilista que hace que a las bandas cada vez les cueste más ser conocidas y que cada vez sea más complicado que haya relevo. Parece que todos tenemos que escuchar y seguir a los mismos artistas, y fuera de eso no hay nada. Precisamente, nosotros vamos justo a lo contrario. Por eso nace también Batbatean. De alguna forma, es un festival para que las bandas puedan hacer algo grande en su propio territorio y para que se genere una escena cada vez más fuerte. Eso pasa también pasa por nuestro propio aprendizaje. Por ejemplo, tenemos que corregir en el futuro nuestros carteles para que la escena de Iparralde esté presente.
La sala y el festival
Muchas veces, también desde Jimmy Jazz, se ha dicho que el hecho de adelantar el inicio de la temporada de festivales es un grave problema para la programación de las salas. ¿Hay cierta contradicción entre esto y el hecho de organizar Batbatean?
–Sí, sí, la hay. En este sector, de hecho, cabalgamos entre contradicciones constantes. En los 18 años de Jimmy Jazz, la sala siempre ha convivido con festivales. Este verano, en el Estado, se van a dar en torno a unos 1.000 festivales de cualquier tipo de aforo. En Jimmy Jazz, la temporada de junio a septiembre siempre la hemos tenido perdida. Con todo, creemos que le hemos sabido dar la vuelta. Al final, hay millones de caminos que se pueden explorar.
Como por ejemplo...
–Para empezar, todos los festivales que hay no pueden asumir todas las bandas que a día de hoy existen. Además, muchos de estos festivales repirten y repiten su estructura, haciendo que las 10 o las 20 bandas más importantes son las mismas. El resto de huecos, se rellenan y ya está. Es decir, en ese sentido, son formatos excluyentes. Y te encuentras con bandas que venden entradas como para llenar una sala como esta pero que no tienen acceso a muchos de esos festivales. Además, tienes a grupos muy importantes que giran en festivales pero que en esas agendas tienen huecos para actuar en salas. Eso te posibilita contar con bandas que vienen al Resurrection o al Hellfest, y que saben que no solo pueden hacer giras de festivales, que necesitan estar con su público en una sala, que requieren mantener esa relación con sus seguidores. Al final, todos caemos en esas contradicciones: promotores, músicos, salas... En época de festivales nuestra programación puede caer un 70 y un 80%. Pero también es cierto que desde Jimmy Jazz nos hemos involucrado desde hace tiempo en otras experiencias y formatos. También a nivel interno, realizar algo como Batbatean es importante.
En lo que respecta a...
–Los festivales, si consigues que no te superen ni te quemen, generar unas dinámicas de trabajo muy bonitas e interesantes. Refuerzan los equipos y te hacen crecer profesionalmente. Aprendes mucho al hacer un festival. También te motiva y te permite dar responsabilidades mayores a las personas con las que trabajas. Es que, cada día de este festival, vamos a tener que atender a más 150 artistas. Y para hacerlo bien es necesario generar unas dinámicas de trabajo que pueden ser muy positivas. Este es un sector que se aprende haciendo. Es el barro el que te da las tablas para seguir avanzando.