Historia

¿Cómo era Zaramaga en tu infancia?

En la actualidad es el barrio con mayor número de personas mayores de 65 años de Vitoria

26.08.2021 | 00:20

 Recorrer las calles de Zaramaga es empaparse de parte de la historia de Vitoria. Adentrarse entre sus calles, rodeadas de edificios que aportan pinceladas de tiempos pasados es rememorar todos los episodios que ha vivido el barrio que en la actualidad alberga al mayor número de personas mayores de toda la ciudad.

Concretamente, este barrio obrero erigido a mediados del siglo pasado junto al cementerio de Santa Isabel con el objetivo de acoger a los trabajadores que llegaban a Vitoria, tenía entre sus filas –a fecha de 2020– a un total de 12.289 vecinos (lejos de los cerca de 30.000 que albergaban barrios como Zabalgana o Arriaga-Lakua), de los cuales 4.227 se encontraban entonces por encima de los 65 años (en total, la ciudad contaba con 54.290 personas de 65 años o más). Y todos ellos guardan un bonito recuerdo del barrio que les vio crecer.

Es el caso de Cándido, de 73 años, que lleva en el barrio "muchos años". En su memoria están la alegría de entonces, la generosidad. "Éramos más dados a la gente, porque ahora parecemos un poco huraños", reseña este.

Cándido. Foto: Alex Larretxi

 

Con cariño rememora junto a DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA cómo en la zona del bar El Dorado "siempre estábamos de juerga. Aparte del trabajo, por supuesto". Sonríe recordando, al tiempo que añade: "Yo ya no soy joven, pero veo a la juventud que ya no alterna como antes". Recuerda que se iba a casa de noche, cogía el bocadillo y se ponía de nuevo en ruta para irse a trabajar. Eso reconoce que ya no es así.

Julián, de 76 años, llegó hace 40 desde Cáceres y fue a parar al barrio de Zaramaga, un lugar que –asegura– "ha cambiado mucho", porque ahora hay "más delincuencia y poca vigilancia en las calles". También afirma que "antes la gente era más amable y estaba más dispuesta a ayudar".

Julián. Foto: Alex Larretxi

 

Más seguridad

Santiago (88 años) concuerda, mientras hace deporte en uno de los parques habilitados para tal fin, en que antes Zaramaga gozaba de "más seguridad". A él mismo hace poco le robaron 100 euros de la cartera. "Ahora no se puede ir muy tranquilo por la calle".

También lo recuerda "más limpio", al igual que Juana (81 años) que llegó hace 50 y rememora con cariño su llegada aquí porque vino cuando sus hijas eran pequeñas. "Ahora ya no está como antes", explica ella.

Juana. Foto: Alex Larretxi

 

Peticiones

Tratándose, además, del barrio que aglutina a una gran cantidad de personas mayores, cabe analizar si este se ha adaptado con los años a sus necesidades. No faltan los parques para ejercitarse, por ejemplo. Pero, ¿qué opinan sus vecinos del estado del entorno en el que viven?

Cándido asegura que durante el confinamiento pidió a un policía que hablara con el alcalde para que pusieran baños públicos, y "al de dos días pusieron unos baños en Correos. Porque si no dices nada, no hacen", señala.

Julián coincide con esta petición, y añade que en cuestión de sanidad el barrio ha cambiado mucho, porque afirma que "antes estábamos mejor atendidos. Ahora el centro de salud está la mitad del tiempo cerrado, te atienden por teléfono, etc.". Por eso, pide que la atención sea presencial y que haya más médicos. Santiago, por su parte, pide más vigilancia y limpieza para las calles, y coincide en pedir baños públicos para que puedan usarlos en caso de necesidad.

Santiago. Foto: Alex Larretxi

 

3 de marzo

Al fin y al cabo, la fiesta no ha sido ni es la única seña de identidad de un barrio como el de Zaramaga al que en los años 60 y durante las siguientes décadas llegaron personas de numerosas partes de España. Todos los vecinos de este barrio, incluso del territorio alavés en su totalidad, recuerdan el triste episodio que marcó Vitoria un 3 de marzo de 1976, cuando Pedro María, Romualdo, Francisco, José y Bienvenido perdieron la vida en un barrio que todavía les tiene muy presentes.

En el año en el que se cumplen 45 años desde el trágico suceso del 3 de marzo, en definitiva, es algo que sigue muy vivo para unos vecinos que cada día recorren unas calles salpicadas de murales en su memoria. Ni siquiera con la pandemia la asociación 3 de marzo se quedó en casa.

Salieron nuevamente a la calle para recordarles y "reivindicar justicia y memoria integral para las víctimas", como ya informara este diario entonces. "Me acuerdo mucho de lo que ocurrió aquel día", afirma Cándido, a cuya voz se suma la de Julián, que asegura que "Zaramaga ha cambiado mucho, incluso desde antes del 3 de marzo".

Es imposible no acordarse de este hecho que marcó el transcurso y la historia de una ciudad entera. Incluso los que nacieron más tarde lo tienen presente y recorrer Zaramaga es ser testigo de ello. Y es que, sumado al gran mural que decora uno de los edificios –pintado en el año 2013–, la iglesia San Francisco de Asís en la que estos cinco trabajadores fueron asesinados por la Policía Armada en el desalojo del recinto para disolver una asamblea de trabajadores, sigue en pie en su recuerdo.

Ya en febrero este diario anunció que se iba a convertir en Centro Memorial víctimas del 3 de marzo, gracias a un acuerdo alcanzado entonces por el Obispado de Vitoria, Gobierno Vasco –a través del Instituto de la Memoria y los Derechos Humanos Gogora– y Diputación Foral de Araba, así como el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.

Asociaciones

Porque, junto a la Asociación 3 de marzo, son otras muchas las que hacen que la vida siga recorriendo las venas de este barrio gasteiztarra. Desde la asociación de comerciantes y hosteleros, hasta la propia asociación del 3 de marzo, pasando por otras dedicadas a satisfacer diferentes necesidades de los vecinos, todas ellas aportan su granito de arena a una Zaramaga que, a pesar de que a ojos de sus vecinos haya cambiado con el paso de los años desde su nacimiento, sigue manteniendo buena parte de su esencia.

La historia del barrio de Zaramaga sería digna, al fin y al cabo, de llenar las páginas de un libro –igual que la de muchos de sus vecinos–; pero de uno inacabado, porque a este barrio –y a ellos– aún les queda un largo camino por recorrer.

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