Reinicio de la Liga de fútbol

Exigencia para las piernas y también para las cabezas

La temporada se resolverá con once partidos encadenados a lo largo de 38 días del 12 de junio al 19 de julio, lo que requerirá un gran esfuerzo físico y también psicológico

28.05.2020 | 23:36
El trabajo de los cuerpos técnicos cobrará un valor todavía más importante de cara al regreso a la competición. Foto: Alex Larretxi

Vitoria – El Deportivo Alavés esperaba conocer ayer las primeras fechas de su regreso a la competición, pero la asamblea de LaLiga solo sirvió para reafirmar, siempre a la espera del visto bueno del Ministerio de Sanidad, que el fútbol volverá a ponerse en marcha el viernes 12 de junio –a los clubes se les transmitió el domingo 14 como referencia, pero se trabaja para arrancar dos días antes– con el derbi sevillano. A partir de ahí, una sucesión de once encuentros en la que cada equipo contará con un mínimo de 72 horas de recuperación entre un compromiso y el siguiente, con partidos de lunes a domingo y que conducirá a la resolución de la temporada el 19 de julio. Un mes y una semana, un total de 38 días en los que el balón rodará prácticamente sin parar y que suponen un examen de máxima exigencia para los clubes a nivel físico, pero también desde el punto de vista mental. La gestión de estas dos vertientes será clave en la consecución de los objetivos de cada club. En el caso del conjunto albiazul, la permanencia durante un año más en Primera División que con 32 puntos y siete de ventaja sobre la zona roja se veía bastante factible antes del parón. Ahora, la incertidumbre lo marca todo y alcanzar la meta sin apuros o quedarse en el camino puede depender de varios factores, con piernas y cabeza como factores determinantes.

La cuestión física es clave teniendo en cuenta que se va a desarrollar un torneo a toda velocidad y que va a requerir mucha frescura y capacidad de recuperación rápida para encadenar esfuerzos. La actual fase de entrenamientos tiene cierto parecido con una pretemporada, pero no responde a los parámetros idénticos a ese trabajo previo al arranque de cada curso. El parón de dos meses sin entrenar, las circunstancias especiales que aún marcan las sesiones o la imposibilidad de contar con amistosos de preparación propician que esta normalidad sea del todo atípica. Además, el formato de competición hacia el que se dirige esta fase es completamente diferente al de una temporada normal, ya que la concentración de partidos es del todo inusual para la mayoría de los clubes, sobre todo los que se mueven en parámetros similares a los de la entidad del Paseo de Cervantes y que no tienen la costumbre de acumular tantos encuentros.

Una carrera de velocidad En este sentido, el trabajo de los preparadores físicos se antoja como decisivo. Quien más atine en estas sesiones de puesta a punto tan particulares, con mayor ventaja partirá cuando en apenas dos semanas se reinicie la competición. Sobre todo teniendo en cuenta que la temporada se va a resolver a velocidad de vértigo, en un formato esprint muy diferente al maratón de largo recorrido que supone una campaña completa que va desde mediados de agosto a finales de mayo. No es lo mismo buscar el rendimiento inmediato que trabajar pensando en el largo plazo; dificultad en la preparación que se incrementa de manera significativa teniendo en cuenta que el pasado más reciente no han sido las típicas vacaciones veraniegas, sino un confinamiento que ha impedido siquiera una actividad física de mantenimiento y mucho menos la que requiere un profesional.

No hay espacio para programar picos de forma o un arranque de curso a un nivel que no se acerque todavía al máximo. Cuestiones habituales en cada pretemporada, ya que las preparaciones veraniegas tienen enfoques de lo más variado dependiendo de las cargas de trabajo y las planificaciones a largo plazo que realicen los cuerpos técnicos. El margen de error que en esos casos es amplio, queda reducido a la nada ahora mismo.

Para acabar de enredar la ya de por sí liosa madeja, otros factores a tener en cuenta como anormales serán las temperaturas más elevadas que de costumbre –en todo caso, ayer se remarcó de nuevo que esta situación se va a tratar de mitigar ajustando los horarios para que ningún partido arranque antes de las 19.30 horas–, los condicionantes de unos desplazamientos que se harán en la misma mañana de los partidos o el escaso espacio para la recuperación entre un encuentro y el siguiente. Si la labor de los preparadores físicos va a ser fundamental, no menos relevante en ese sentido va a serlo la de los fisioterapeutas, a los que trabajo, además en condiciones que nada tienen que ver con la normalidad, no les va a faltar.

El factor anímico Si la preparación física se antoja como fundamental, la gestión emocional va a ser otro apartado de mucho peso. La versión del fútbol que se va a ver y jugar en las próximas semanas distará mucho de la habitual y quien mejor sepa adaptarse tendrá mucho ganado de antemano. Con los estadios vacíos, la evidencia que dicta la Bundesliga habla de una incidencia en caída libre del factor campo. Equipos como el Alavés, que multiplica su peligro cuando actúa en Mendizorroza, quedan desamparados de un elemento que para ellos es fundamental. El equipo local no notará ese respaldo, mientras que el visitante tampoco se encontrará un ambiente hostil. Una cuestión que se le puede aplicar también a la labor de los árbitros, que no estarán mediatizados por una grada que les atosigue y tampoco por las protestas de unos jugadores que a partir de ahora tendrán que mantener las distancias por seguridad.

Y es que ese aspecto, el de las nuevas medidas que hay que cumplir por higiene y seguridad, también entra dentro de esos parámetros que hay que saber manejar con cabeza fría. Una cuestión que también se va a tener que gestionar desde los banquillos, ya que la opción de realizar cinco cambios en tres tandas puede acabar siendo fundamental para refrescar prácticamente la mitad de cada equipo en el transcurrir de un partido, con la ya referida acumulación de esfuerzos que va a deparar esta temporada exprés.

A nivel psicológico, los miedos de cada futbolista por la presencia en el ambiente todavía del virus van a estar presentes en el fuero interno de cada cual y con ello tendrán que lidiar ellos mismos y sus compañeros. Una cuestión que puede ser problemática de verdad en el caso de que aparezca algún caso positivo. El mismo miedo que generaría que dentro de una misma plantilla se empiecen a suceder las lesiones, con un mayor riesgo por la carga extraordinaria de trabajo.

Eso sí, el gran miedo en estos momentos en muchos vestuarios va más por la vertiente deportiva que por la sanitaria. Reiniciar la competición con mal pie cuando apenas hay margen de reacción puede conducir a un bucle desastroso. Como quedar inoculado de un veneno que neutralice por completo la capacidad de reacción. Por esa razón, en el seno alavesista se está realizando un trabajo importante en este sentido –los capitanes están teniendo un peso fundamental estos días–, para que nadie se piense que el equipo está ya salvado y la reentrada se realice con un alto nivel de intensidad. El objetivo es que nadie se duerma, que las orejas se mantengan tiesas y los sentidos aguzados. La exigencia a nivel físico va a ser muy importante a lo largo de las próximas semanas, pero también controlar las emociones y manejar el factor psicológico va a ser clave para que equipos como el Alavés alcancen sus objetivos.

El trabajo de preparadores físicos y fisioterapeutas se antoja más importante que nunca ante un formato de competición desconocido

En el caso del Alavés, evitar entrar en un bucle negativo si no se arranca bien el torneo se antoja clave para evitar los problemas