La cárcel de Zaballa ha sido escenario de un gesto inesperado en el Centro Penitenciario Araba. A lo largo del último semestre, los internos e internas han logrado recaudar más de 2.100 euros destinados a diversos proyectos solidarios y de lucha contra la pobreza, demostrando que la privación de libertad no impide la empatía con los más vulnerables.
Cuatro campañas de impacto global y local
A través de la coordinación de los voluntarios de la Diócesis de Vitoria, las personas privadas de libertad han participado activamente en cuatro grandes iniciativas. La primera de ellas tuvo lugar en octubre, coincidiendo con la Campaña del Domund, donde se recaudaron 410 euros en las eucaristías celebradas en el centro para apoyar a misioneros en África, América Latina y Asia.
Durante la época navideña, la iniciativa "Litro Solidario" caló hondo en el centro. Los internos aportaron simbólicamente el valor de litros de leche, sumando un total de 690 euros que fueron entregados al Banco de Alimentos de Álava para ayudar a familias vitorianas sin recursos.
Compromiso contra el hambre y con las misiones
El apoyo a la ONG Manos Unidas también fue significativo. Los internos destinaron 655 euros a programas de lucha contra la hambruna infantil en las zonas más críticas del planeta.
Finalmente, la colecta más reciente se realizó el pasado 19 de marzo, con motivo de la festividad de San José. Como si de una parroquia más del territorio alavés se tratase, los internos aportaron 395 euros para las Misiones Diocesanas Vascas, dinero que servirá para financiar proyectos de desarrollo en Ecuador, Kenia y Angola.
El valor del voluntariado en prisión
Esta labor recaudatoria no habría sido posible sin el acompañamiento de la Pastoral Penitenciaria. Los voluntarios diocesanos no solo realizan una labor de asistencia espiritual, sino que trabajan diariamente en la sensibilización de los presos hacia realidades de exclusión que, en ocasiones, superan la suya propia.
Esta generosidad, que surge desde el interior de los muros de Zaballa, busca mostrar a la sociedad que, incluso en contextos de reclusión, existe un deseo firme de contribuir a la construcción de un mundo más justo y empático.