Como referente a nivel mundial en los campos de la implantología oral y la medicina regenerativa. La Fundación Sabino Arana ha premiado hoy al doctor Eduardo Anitua, que defendido al recoger su galardón la idea fuerza alrededor de la que ha girado su trayectoria: “Cómo mejorar la vida de las personas cuando la biología parece haberles puesto un límite”.
Una labor que comenzó “hace más de 40 años estudiando los procesos biológicos que sucedían cuando realizamos una extracción dentaria”. Este proceso “nos llevó a estudiar el potencial regenerador de nuestra sangre, obteniendo un medicamento biológico que patentamos, el famoso plasma”, ha rememorado.
Desde entonces, él y sus colaboradores han impulsado “técnicas y protocolos que han permitido que personas que habían perdido sus dientes y el hueso que los sostenía recuperen no solo la función, sino también la estética y, con ello, una parte muy importante de su calidad de vida”.
Una forma de proceder que, si inicialmente se centraba en la cirugía oral regenerativa, “ha ido trascendiendo a otras áreas de la medicina”, ha destacado, lo que ha tenido como resultado que en la actualidad “nuestras patentes y protocolos se aplican en campos tan diversos como la ortopedia, la medicina deportiva, la dermatología, la oftalmología, la ginecología y diversas áreas de la cirugía”.
“Gracias a ello, estamos tratando eficazmente el dolor crónico de espalda, la artrosis de rodilla, con técnicas biológicas mínimamente invasivas”, ha enumerado. Pero su labor va más allá, “regenerando tejidos como la córnea, devolviendo la visión a miles de personas, desarrollando técnicas de rejuvenecimiento ovárico contribuyendo a que muchas familias puedan cumplir el sueño de traer hijos al mundo”. La investigación de los trastornos del sueño y su relación con la respiración se enmarcan también en su ámbito de actuación.
Hábitos saludables
Tras recibir el premio, ha subrayado que este enfoque “biológico e innovador” es compartido a través de su instituto universitario, en el que “cada año recibimos más de mil de profesionales procedentes de más de 40 países, que vienen a Vitoria a aprender estas técnicas”. No solo eso, ya que “también les enseñamos nuestra tierra, nuestra cultura y por supuesto, nuestra gastronomía”.
Eduardo Anitua ha finalizado con una reflexión en la que ha defendido que “el gran desafío que tenemos por delante es comprender y aplicar mejor los mecanismos epigenéticos: cómo vivir más, sí, pero sobre todo cómo vivir mejor desde el nacimiento hasta el final de la vida”.
Ha recomendado ser proactivos y cuidar los hábitos, ya que “desempeñan un papel fundamental”. “Sabemos que pequeños hábitos sostenidos en el tiempo pueden mejorar -o deteriorar- nuestra salud física, psíquica y emocional. Por eso, cuidar de nuestra salud no es un acto de egoísmo, sino un acto de responsabilidad y de generosidad”, ha reivindicado.