El comercio local no son solo tiendas. El comercio local va más allá de establecimientos donde comprar; es hablar de un modelo de ciudad, de calidad de vida y de desarrollo territorial de una zona. De esta manera, hoy en día, en este momento de transformación económica, digital y social, el comercio de proximidad sigue siendo una de las infraestructuras invisibles más importantes para la salud urbana y rural de territorios como Álava y su capital, Vitoria-Gasteiz.

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Vida urbana y cohesión social

Por poner unos datos sobre la mesa, solo la capital alavesa tiene registrados 11.477 negocios a pie de calle. Cada persiana abierta no solo supone actividad económica: trae consigo empleo, interacción vecinal, uso del espacio público... Es más, numerosos estudios de planificación urbana coinciden en que la densidad comercial se correlaciona con menor percepción de inseguridad y mayor vitalidad social para las calles de un barrio. 

Al contrario, si no hay comercio se produce el efecto dominó. Cuando desaparecen, cae el flujo de personas, se reduce el atractivo residencial y aumentan los locales vacíos. Este fenómeno afecta especialmente a centros urbanos tradicionales y pequeños municipios.

Por si fuera poco, en Álava, donde conviven una capital compacta con una extensa red de pueblos, el comercio cumple además una función territorial: evita desplazamientos obligatorios, fija población y mantiene servicios básicos en zonas rurales que, si no, quedaría despobladas. Para muchos municipios, mantener una tienda multiservicio es también mantener un punto de encuentro social.

Imagen de unos viandantes pasando junto a una tienda en Vitoria-Gasteiz con descuentos. Pilar Barco

Comprar en tiendas próximas reduce desplazamientos, apoya a pequeñas empresas, mantiene calles vivas, promueve productos artesanos y construye comunidades sostenibles, solidarias, resilientes y prósperas, para todos. A todas luces cumple una función esencial como quedará de manifiesto en el encuentro que DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA ha organizado para este martes 24 y para el que contará con la voz experta de Jakes Aguirrezabal, viceconsejero de Turismo y Comercio del Gobierno Vasco; Ángel Garabieta, director comercial de Caixabank en Euskadi; Edurne Parro, directora gerente de AENKOMER y Diego Martínez de San Vicente, presidente de Gasteiz On. Todos ellos serán presentados y moderados por el director del diario, César Martín. 

Sin quedarse atrás en digitalización

La competencia con grandes plataformas digitales ha cambiado definitivamente las reglas del juego. Sin embargo, la digitalización del pequeño comercio no consiste en copiar el modelo de las grandes empresas, sino en combinar la cercanía física y emocional (su verdadero valor intrínseco) con herramientas tecnológicas.

La buena noticia es que muchas herramientas están ya al alcance del pequeño negocio: sistemas de gestión en la nube, soluciones de pago digital o catálogos online automatizados. 

Las políticas públicas de digitalización impulsadas por administraciones y programas de acompañamiento financiero de entidades están contribuyendo a reducir la brecha tecnológica, aunque todavía existe margen para mejorar la formación práctica y el acompañamiento continuo. Y es que el reto no es solo tecnológico, sino sobre todo cultural: digitalizar sin perder el trato personal, que sigue siendo la principal ventaja competitiva que tiene el comercio local. 

Un cartel de rebajas en un comercio del centro de Gasteiz Jorge Muñoz

Financiación, ayudas e incentivos

Uno de los debates más recurrentes entre comerciantes es si las ayudas públicas llegan realmente a quien las necesita. La percepción habitual es que muchas convocatorias son complejas, lentas o requieren una capacidad administrativa que los pequeños negocios no siempre tienen. Más allá de subvenciones puntuales, el sector reclama tres elementos clave; por un lado, una financiación accesible, un acompañamiento financiero real y una reducción de costes estructurales

Aquí la colaboración entre administraciones y banca resulta esencial para convertir los programas de apoyo en herramientas verdaderamente utilizables para el pequeño comercio. Un apoyo que puede inclinar la balanza del lado positivo, sobre todo cuando llega el momento del relevo generacional; el que es probablemente el mayor desafío estructural del comercio local. 

Cada persiana abierta no solo supone actividad económica: trae consigo empleo, interacción vecinal, uso del espacio público...

La realidad es triste: muchos negocios viables cierran no por falta de clientes, sino por falta de continuidad familiar o empresarial. Y las causas son múltiples: desde la percepción de horarios largos, pasando por la incertidumbre económica, el menor atractivo social del comercio tradicional o la falta de formación empresarial específica

Sin embargo, también emergen nuevas oportunidades. Cada vez más emprendedores jóvenes ven el comercio como un proyecto profesional si se cumplen ciertas condiciones: digitalización, especialización, diferenciación de producto, modelos de gestión modernos y conciliación familiar real. En este punto, sin duda, la profesionalización del sector es una de las claves para convertir el comercio en una opción laboral atractiva para nuevos perfiles. 

Dos dependientas de una tienda de regalos envuelven paquetes. Freepik

Comercio sostenible para un consumo responsable

Por último, la sostenibilidad ha pasado de ser una tendencia a convertirse en un factor estructural. El comercio local parte con ventaja: proximidad, menor logística de larga distancia, mayor posibilidad de producto local y relaciones directas con proveedores. 

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Pero la sostenibilidad no depende solo del comerciante. El consumidor juega un papel decisivo. Elegir comprar en comercio local implica reducir transporte, apoyar empleo cercano y mantener tejido urbano activo. 

Precisamente, el consumidor tiene la última palabra a la hora de apostar por un comercio local alavés que se traduce en una inversión en cercanía, confianza, desarrollo y futuro compartido para todo el territorio y las personas que viven en este.