No es por ser agorero, pero cada vez que cierro una edición de este periódico me da la sensación de que se están cumpliendo las previsiones que ya recoge la Biblia sobre la llegada del fin del mundo. No es que sea un experto en la interpretación de las Sagradas Escrituras, pero la curiosidad me ha llevado a investigar hasta llegar a una conclusión: lo que ocurre en la actualidad tiene toda la pinta de ser un pequeño resumen de lo que sugieren que sucederá Mateo 24, Lucas 21 y 2 Timoteo 3, que avisan cómo serán las señales específicas que precederán los últimos días. No hay nada más que echar un ojo al panorama de la geopolítica, con Putin y Netanyahu, por citar solo a un par de gobernantes, desatados haciendo uso de sus respectivos arsenales para poner a prueba las costuras de las relaciones internacionales. Tampoco son desdeñables los vaticinios sobre pestes –con el covid, el nipah o el resurgimiento de otras como el sarampión–, hambrunas –800 millones de personas se enfrentan al hambre en el mundo– o tragedias naturales –con terremotos hasta en Gasteiz y grandes inundaciones en Andalucía, entre otras regiones–. Por supuesto, todo es interpretable, pero la concatenación de acontecimientos da en qué pensar, y más si es fácil asociar al Anticristo con alguno de los líderes que gobierna el mundo...
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