Angers y Saumur, tierras acariciadas por el Loira

La pesadilla va dejando espacio a la luz, el virus va haciéndose mas doméstico y nosotros, con pasaporte QR, arrancamos para viajar rumbo al norte, al casi centro del hexágono de la Europa con mayúsculas. Nos aguarda el gran río, o quizás, para ser exactos, uno de los más elegantes ríos europeos, el Loira. Su camino en la zona de este valle francés es una maravilla, obra de la naturaleza y de la mano del hombre, con paisajes sinuosos, bellos, que en las últimas horas del verano reflejan una luz única.

27.10.2021 | 10:23
Saumur, al anochecer.

Estamos ya llegando a Angers y desde el vestíbulo de su Estación central se nos abre una ciudad universitaria llena de pasado y con mucho futuro. Nos hospedamos en el Hotel de Francia –cuando se inauguró el hotel nada de esta plaza existía; solo estaba la estación de SNCF–. Hoy un hotel de 5 estrellas flanquea la nueva y moderna avenida que da pie a ascender suavemente hasta el promontorio donde se ubica la zona antigua de Angers.
Angers claro está, tiene su chateau, y no es un castillo cualquiera, sino una inmensa mole de piedra levantada para aguantar sin pestañear los ataques de los furiosos bretones que quería hacerse con el control de este punto del territorio.

Un profundo foso convertía al coloso en un gigante inaccesible. El río sigue también en su lugar, mudo testigo de su truculenta historia. También su catedral tiene una larga historia, que arranca en el siglo IX. Ya en el siglo XVI se le dio el aspecto que a día de hoy mantiene, con sus dos elegantes torres diseñadas por el arquitecto de la propia Angers Jean Delespine.

Al lado está la place du Ralliement, una plaza reconvertida en el centro de la actividad social de la ciudad. Unas mesas altas con sus correspondientes taburetes hacen las veces de comedores improvisados donde juntarse a tomar algo. El gran teatro queda discreto entre tanto bullicio y actividad. Una estrecha calle lateral, la rue Des 2 Haies, va bajando hacia el cauce del río; es una calle estupenda para escoger un lugar donde tomarse un descanso.

Cointreau, danza y tapiz

Antes de cenar apetecía comer un poco de dulce, y a este vagabundo gastronómico-cultural le apetecía un poco de chocolate. Y en Angers, en la Maison du Quernon d'Ardoise, elaboran uno muy rico con la característica de que es de color azul, intentando imitar el color y textura de las tejas de pizarra que cubren todos los tejados de esta región. Y si combinamos el chocolate con el Cointreau también propio de la ciudad, ¡la mezcla es mas bien explosiva!

A veces hay productos que apenas necesitan una adaptación a los tiempos del siglo XXI, y el Cointreau podría ser uno de ellos. Desde que el señor Cointreau diera forma a su destilado apenas ha variado nada desde aquel lejano 1875. Su botella original ha sido mil veces copiada, su fórmula a base de combinar diferentes cáscaras secas de naranjas también, pero la marca mantiene su punto de originalidad, y todo el destilado que se bebe en el mundo se elabora en una única factoría que está en la propia Angers.

Edouard Cointreau fue un visionario, un vanguardista que en el moderno Centro Nacional de danza Contemporánea tiene una especie de alter ego. En un magnífico edificio situado en la orilla oeste del Loira conocido como Le Quai, se encuentra el afamado CNDC (Centro Nacional de Danza Contemporánea), lugar de referencia en el mundo de la danza. Su director y coreógrafo, Noé Soulier, prepara a las nuevas generaciones en el difícil arte de transmitir emociones a través del baile.

Este explorador urbanita tuvo la suerte de poder conocer desde dentro esta otra catedral contemporánea del arte y la cultura, y ver en riguroso directo el trabajo de Noé fue casi una experiencia mística. El complejo donde se encuentra el CNDC tiene una zona de acceso público que es una maravilla. Se trata de la terraza, que queda enfrente del castillo, al otro lado del río Maine. Y se puede comer.

De lejos la ciudad mantiene ese halo de misterio que le da su fortificación medieval. Llegamos hasta la galería donde se guardan los bocetos, escayolas y trabajos finales del gran escultor Pierre-Jean David, conocido como David de Angers. Situarse frente a su colosal Gutemberg es alucinante. Se trata de una escultura inmensa, llena de poder, genio. Hay grandes obras en este espacio iluminado por una luz cenital que llega del cielo, y lo que fue la ruina de la abadía de Toussaint es hoy el mejor lugar para proteger y mostrar la obra escultórica de este gran artista.
Danza contemporánea, escultura del siglo XIX, castillo, y casi se me olvidaba, el tapiz, el tapiz de Angers, el más grande conservado intacto desde la Edad Media: es el tapiz del Apocalipsis, una tela bordada que mide más de cien metros cuadrados, una octava parte de lo que fue. El silencio y la apenas visible iluminación son el ingrediente perfecto para una experiencia casi mística que se completa visitando la interpretación contemporánea que el artista Jean-Lurçat hizo con su tapiz El canto del mundo, obra maestra que cuelga del museo que lleva su nombre. Es el conjunto de tapices contemporáneos más grande que existe y lleva instalado allí desde 1968.

Y si el inventor del Cointreau fue un explorador de los sentidos, los hermanos Aristide y Louis-Marie Aubert du Petit-Thouars fueron exploradores en el más estricto sentido de la palabra. Dos jóvenes hermanos, oriundos de Angers que navegaron por los mares del siglo XVIII buscando nuevas especies botánicas. El parque temático Terra Botánica les rinde un bonito homenaje en su experiencia 4D.

De viaje

Nos vamos de Angers rumbo a Saumur, pero antes nos detenemos en la casa-taller- museo del artista de origen polaco, normando de nacimiento y troglodita de adopción, Richard Rak. Troglodita por la cantidad de cuevas que hay en la región: casi toda la piedra que ha sido utilizada para levantar los famosos castillos del Loira ha salido de las profundidades del mismo valle del Loira, piedra blanca y relativamente fácil de trabajar.

Su cueva-capilla pasó por diferentes fases: primero sirvió de cantera para extraer la piedra, luego fue hogar de familias pobres, también un lagar, se abandonó y se convirtió en escombrera, hasta que Monique y Richard decidieron llegar desde Normandía a levantar este proyecto vital.

Nos gusta esto de la vida eremita, cuevas, silencio, creación artística en un entorno muy especial. Cerca de la casa de Rak hay un hotel troglodita, el Rocanimori, que puede ayudarnos a explorar el mundo de las cuevas del Loira, cuyas habitaciones están esculpidas en la roca, y la familia propietaria nos comenta como algo extraordinario ¡que no hay wifi en las habitaciones!

Llegamos a Fontevraud, que fue y es un lugar inédito en la Europa que despertaba de la Alta Edad Media. Robert d'Arbrissel, un señor muy rico del siglo XII, compró las tierras de la hoy conocida como Abadía de Fontevraud para levantar este impresionante complejo monástico. Lo interesante del asunto es que era una mujer la abadesa que regía en toda la ciudadela. A ella debían obediencia los prioratos adyacentes, fueran de monjes o de monjas. Las mujeres tenían toda la fuerza y el poder en este territorio, que llegaba extramuros a otros lugares de la actual Francia.

Con la revolución la última abadesa huyó disfrazada de hombre y el complejo casi desapareció, convertido en cárcel hasta 1963. Hoy Fontevraud es un espacio único donde pasear entre jardines, cocinas medievales y también dormir en su estupendo hotel, y si se tercia, cenar en su coqueto restaurante, agraciado con una estrella Michelin. Ya solo el diseño del espacio de restauración es único. Una combinación de arte, artesanía, tradición y vanguardia que en estas tierras del Loira queda de maravilla.

Todo es bonito en esta región de Anjou: la campiña francesa en todo su esplendor, los árboles, viñedos, las curvas de la carretera€ todo parece estar puesto en su sitio, con una idea, con una pretensión. Es la maravilla de estar en un decorado cinematográfico de verdad, el aire fresco y el sol reflejado en las copas de los árboles nos mantienen en la realidad. Vamos camino de Saumur, seguimos la huella del Loira, río sin el que ni viñedos ni castillos tendrían razón de ser.

Saumur es su castillo real, castillo blanco, elegante, elevado sobre la ribera del ancho río que nos deja pequeños bancales de arena atlántica. Una pasada verlo de día, de noche, desde el río o desde cualquier lugar. No en vanos todos los reyes de Francia pasaron por aquí y el temible Richelieu, que no quería andar muy lejos, mandó construir en las faldas del promontorio del castillo una capilla y una residencia a donde solía ir a tomar las aguas medicinales que surgían desde la roca de la misma montaña.

Producto local

Es sábado de mercado y a Saumur llegan los productos locales, mucho ecológico, a la búsqueda de compradores. Se valora más la calidad que la cantidad. Nos encontramos con Marie-Françoise Ratron-Galet, propietaria de una pequeña bodega familiar dentro de la denominación de Saumur-Champigny que nos invitó a conocer los viñedos de su Clos des Cordeliers, donde la uva cabernet-franc es la única estrella. Vinos de casa, elaborados con rigor y paciencia franciscana.

Algo similar, pero con un tamaño y producción sensiblemente más grandes, es lo que hace la Maison Bouvet Ladubay, con sus espumosos elaborados con el método tradicional. La bodega, con sus cuevas naturales, se puede visitar en bicicleta, una bonita manera de recorrer las antiguas cavas donde se almacenaban los caldos a la espera de que la fermentación y la técnica obraran el milagro de convertir el mosto en un burbujeante líquido de color ámbar.

Y un buen vino, si no va acompañado por un buen yantar, pues se queda un poco corto, y este errante sujeto se dejó recomendar y recaló en la casa de François Deplagne, alquimista que le sedujo con una elaboración mesurada y perfecta en el emplatado. ¿Qué puedo recomendar de su carta? Pues todo. Pero como uno es adicto al azúcar, nada mejor que su Sableé con crema diplomática al vino de Saumur-Champigny con higos y uvas. A bientot François! 

GUÍA PRÁCTICA

Angers 
Para descansar: Hotel de France: Un hotel que aún guarda el ambiente del siglo XIX. Junto a la estación y a cinco minutos del casco histórico. www.hoteldefrance-angers.com
Para comer o cenar: Chez Remi. Cocina tradicional con gente local. Los menús se cambian cada quince días. Conviene reservar. Tienen una IPA de origen sueco que está muy buena. www.chezremi.fr
Terra Botánica: www.terrabotanica.fr

Fontevraud
El lugar es una maravilla, el hotel, el restaurante, la abadía, todo. www.fontevraud.fr

Saumur
Para descansar:
Le Londres, hotel boutique de ambiente familiar situado en pleno centro. Tiene aparcamiento propio. www.lelondres.com
Para comer o cenar: L'Alchimiste. Pequeño y acogedor restaurante situado en una zona muy tranquila de la ciudad, a cinco minutos caminado del casco histórico. www.lalchimiste-saumur.fr
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