Los Cristinos: Cueva de colores en la Sierra de Urbasa

28.02.2020 | 09:38
Imponente espectáculo el que la sala del lago de Cristinos nos enseña bajo tierra.

Urbasa es una sierra excepcional. Rica en paisajes, rica en recursos naturales, fundamental para quienes de ella y en ella obtienen sustento y economía, e importante para los pueblos que la comparten y aprovechan. Lo que Urbasa enseña al viajero que camina por la superficie tiene su complemento, importante, bajo tierra. 

El subsuelo de la sierra es accesible a solo algunos privilegiados que gozan de las autorizaciones necesarias, y también de los recursos técnicos y materiales suficientes. Pero más allá de lo que está accesible a los expertos, hay cavidades que pueden ser visitadas por casi todo el mundo. La cueva de los Cristinos es uno de estos escenarios que nos aproxima rápidamente al fascinante mundo natural escondido bajo tierra; su visita, además del goce de un espectáculo único, nos debe servir de lección para conocer el valor de las aguas subterráneas. 

Vayamos a Cristinos desde la tranquila localidad de Larraona. 

Nos situaremos en la calle La Blanca, transversal a la ruta del valle, y la seguiremos, continuando cuando el asfalto se convierte en una pista hormigonada de fuerte pendiente que alcanza el puerto de Larraona tras un tramo sobre tierra. 

Muy cerca, y a la derecha de la pista, abrigada en el hayedo, está la ermita de San Benito. Aquí podremos seguir dos itinerarios, uno atravesando el encantado bosque de Artia, donde las hayas comparten escenario con rocas de formas caprichosas; el otro consiste en bordear esta mancha de rocas por el norte siguiendo la pista y desviándonos a la derecha en la primera bifurcación, unos cientos de metros más lejos. En cualquiera de los dos casos, tendremos que mantener después una trayectoria hacia el nor-noreste buscando el sendero que cruza los rasos de Ustalaza. Algunas majadas pastoriles nos salen al paso y entre ellas veremos algunos pies de árboles jóvenes que parecen marcar la ruta.

Marcharemos atentos para intentar localizar, al costado izquierdo de la senda, un pequeño conjunto de varias hayas situado al borde de una dolina. Allí se sumerge bajo tierra la escalinata tallada en la ladera que permite al acceso a la cueva. Resbaladiza y empinada, exige descender con precaución. Apoyados obligatoriamente por la luz de nuestra linterna podremos avanzar con cuidado por el interior de la cavidad.

Una sala inicial a nuestra izquierda nos ofrece un espacio neutro, con algunos espeleotemas deteriorados por las incursiones de los visitantes. Siguiendo hacia el fondo, siempre controlando con precaución el suelo resbaladizo, desembocaremos enseguida en la espectacular sala del lago. Mejor ir a Cristinos en invierno, sí, porque entonces podremos emocionarnos con ese grandioso espectáculo del espejo acuático. Las formaciones, estalactitas y estalagmitas, crean un paraje grandioso que tiene su imagen reflejada en el agua. En primer plano, una estalagmita enorme parece un casco de soldado imponiendo nuestra primera fantasía. Sobre el agua cuelgan finísimos macarrones, al fondo se esconden pasadizos entre las estalactitas.

Procura no patear la sala, procura gozarla en silencio y dejarla tal cual para que otros la puedan ver; ahí abajo todo es muy frágil y ese regalo de la naturaleza ha empleado miles de años en formase, pero puede tardar muy poco en romperse. Y ahora guarda un truco: si quieres ver el reflejo en el agua alumbra con tu linterna a las estalactitas; si mandas tu luz sobre el lago matarás el reflejo.

Y antes de que marches de vuelta recuerda que ese nombre peculiar de cueva de Los Cristinos se debe a que durante las guerras carlistas fue utilizada como refugio por los soldados de Cristina,  la Reina Regente.  

Para el regreso podremos desandar el camino de llegada, pero tenemos también opción de marchar directamente al sur, cruzando el raso salpicado de hayas, hasta el portillo de Larate, desde el que una senda desciende directamente a Larraona.

GUÍA PRÁCTICA  

Cómo llegar: La cueva de los Cristinos se encuentra en la sierra de Urbasa, en los rasos de las Amescoas. Para llegar a ella tomaremos como punto de partida la localidad de Larraona, situada en la Ameskoa Alta y perteneciente a la merindad de Estella. 

La aproximación se puede realizar desde la Llanada alavesa siguiendo desde Olazti la ruta NA-718 hacia Estella-Lizarra, pero desviándose enseguida a la local NA-7130 que recorre el valle de Larraona hasta la localidad que le da nombre. Si viajamos desde Nafarroa tomaremos en Estella-Lizarra la ruta NA-718 a la sierra de Urbasa, pero tras rebasar Zudaire nos desviaremos hacia el valle de Larraona por la NA-7130 hasta alcanzar nuestro punto de partida. 

El recorrido hasta la cueva requiere unas tres horas para la ida y regreso.

Qué visitar: La bella localidad de Larraona arracima sus casas en el piedemonte de la sierra. Todos los tejados rodean a la parroquial de San Cristóbal, que eleva su espadaña sobre ellos desde el siglo XVI. El primer templo se inauguró en el siglo XII, con elementos románicos que todavía se conservan en los muros laterales y la portada. La reconstrucción llevada cabo en el siglo XVI diseñó una estructura fortificada, porque en el término se habían desarrollado en el siglo XV importantes disputas violentas entre los vecinos de Larraona y los de Kontrasta, localidad esta situada en territorio de Álava y perteneciente entonces al Señor de Lazkano. 

Además de la ermita de San Benito, al costado del portillo en la sierra, está en el caso urbano la ermita de Nuestra Señora de la Blanca, que fue edificada en el siglo XVIII incorporando, como en Kontrasta, varias lápidas romanas en sus muros.

Son muchas las casas de Larraona que lucen en su fachada un escudo nobiliario, casi todos fechados entre los siglos XVI y XVIII.