El 15 de mayo de 2011, millares de personas se echaron a la calle en diversos puntos del Estado español para protestar contra la clase política y las élites económicas. Lo hicieron empujados por los recortes sociales que se adoptaban para frenar la galopante crisis financiera internacional mientras se destinaban millones y millones de euros del erario público para rescatar a los bancos que habían provocado el cataclismo. En Madrid, en torno a 100.000 manifestantes marcharon hacia la Puerta del Sol, de donde fueron desalojados por las fuerzas de seguridad a las órdenes del Gobierno socialista de Zapatero. Pero no pudieron impedir que, en las semanas posteriores, aquel punto neurálgico de la capital española se convirtiera en estandarte de un movimiento contestatario al albergar una masiva acampada, faro de otras muchas que se organizaron en multitud de ciudades. Eran los indignados. Aquel modelo de movilización, desconocido hasta entonces, removió conciencias y acabó por hacer lo mismo con el tablero político. 

Surgieron nuevas fuerzas que hicieron tambalearse al bipartidismo clásico en lo que parecía su adiós definitivo. Pero nada es para siempre. 15 años después, poco queda de aquel temblor que apuntaba a ser una revolución pacífica. Los principales líderes que catalizaron ese discurso contra el sistema están ya alejados de la primera línea política. Los partidos que estaban llamados a ser hegemónicos en una nueva era han desaparecido del mapa o están de capa caída. Y en un inquietante movimiento pendular, la indignación, antes volcada hacia la izquierda anticapitalista, ha cambiado de bando al ser abducida por una ultraderecha que engancha a legiones de incautos prometiéndoles soluciones simples a problemas complejos.

Errejón, caído en desgracia

Pese a lo heterogéneo de la composición del movimiento que se dio a conocer como 15-M, este arraigó con fuerza en el ámbito académico, al que pertenecían muchos de sus simpatizantes y gran parte de los líderes de opinión que, a raíz de ese estallido, fueron ganando peso, primero en las tertulias televisivas y más parte en la política activa. Es el caso de Íñigo Errejón. Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, es autor de algunos trabajos como We the People. El 15-M: ¿Un populismo indignado? o El 15-M como discurso contrahegemónico, en los que analiza sus fundamentos y destaca “su capacidad de suscitar simpatías transversales, que interpelan a la gente común por encima de sus adscripciones ideológicas previas”. Errejón, que en 2014 formaba parte del núcleo fundador de Podemos, decía hace cinco años en una entrevista en TVE que el 15-M “ha muerto” y, convertido para entonces ya en líder de Más País, criticaba la “soberbia” con la que había actuado la formación morada que ayudó a crear. A día de hoy, está fuera de la política y caído en desgracia tras haber sido procesado como presunto autor de una agresión sexual a la actriz Elisa Mouliaá, en una causa aún por resolver.

Monedero y las "cosas espectaculares" del 15-M

También Juan Carlos Monedero se ha visto salpicado por acusaciones de agresión sexual, aunque en su caso las denuncias han sido archivadas por la Fiscalía. Ello le permitió reincorporarse en noviembre del año pasado a su puesto como profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense. La ola desatada por el 15-M en 2011 le llevó a ser una voz crítica habitual en programas de actualidad política de cadenas como Cuatro o La Sexta. Monedero es otro de los socios fundadores de Podemos, pero apenas un año más tarde de su creación dejó la dirección del partido. Precisamente su decisión tuvo que ver con el hecho de que, a su juicio, se habían abandonado los postulados del 15-M, un movimiento del que ha manifestado en más de una ocasión que ha logrado "cosas espectaculares”, como el que el Ingreso Mínimo Vital o la subida del SMI sean hoy en días cuestiones asumidas con normalidad.

Iglesias, voz destacada

En 2018, Juan Carlos Monedero se estrenó en la faceta de presentador de programas de debate político con el espacio En la frontera, siguiendo la estela de otro profesor de la Ciencias Políticas de la Complutense, Pablo Iglesias. Como director y presentador, de La Tuerka, espacio que empezó a emitirse en 2010 en pequeñas televisiones locales de Madrid, Iglesias se erigió en una de las voces más destacadas del 15-M, para después dar el salto a las grandes cadenas como tertuliano habitual. En 2014 fue nombrado como primer secretario general de Podemos, cargo que ocupó hasta su abandono de la política institucional en 2021. En ese periodo llegó a ser vicepresidente del Gobierno en el primer Gabinete de coalición tras la dictadura franquista. En la actualidad, Iglesias sigue ejerciendo de tertuliano y además dirige Canal Red, plataforma televisiva en la que presenta el programa de análisis político La Base.

El declive de Podemos

Errejón, Monedero e Iglesias estuvieron en la génesis de Podemos. Este partido nació con la vocación de dotar de un soporte político a ese sustrato sociológico ligado al espíritu del 15-M, ávido de una regeneración profunda de las estructuras democráticas herederas de un régimen del 78 con el que pretendían acabar. Aquella semilla germinó en terreno abonado y la cosecha llegó de forma temprana y abundante. Solo cuatro meses después de su presentación oficial, obtuvo cinco escaños en su primer examen en las urnas, las elecciones al Parlamento Europeo. Un año más tarde, ratificaba su pujanza con unos excelentes resultados en los comicios autonómicos, llegando a superar el 20% de los votos en Aragón, en lo que fue la antesala de su sonado debut en unas generales. Los 69 diputados que sumó Podemos con la confluencia de otras formaciones hijas del 15-M como En Comú Podem (Catalunya), Compromís (Comunidad Valenciana) y En Marea (Galicia) en la cita de diciembre de 2015 se elevaron, con la incorporación de IU, hasta los 71 seis meses después, en una segunda convocatoria forzada por el fracaso de Mariano Rajoy para formar Gobierno. Pero aquello fue el canto del cisne de la formación morada, que inició a partir de ahí un largo y pronunciado declive que le ha llevado, una década después, a disponer solo de cuatro escaños en el Grupo Mixto del Congreso y a contar con representación únicamente en seis parlamentos autonómicos.

Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, en un congreso de Podemos en Vistalegre. Marta Jara

Ciudadanos, peor aún

Peor aún le han ido las cosas a su antagonista Ciudadanos, surgido como consecuencia indirecta también del 15-M. En definitiva, fue la respuesta articulada desde el liberalismo, según muchas opiniones con el firme respaldo del poder financiero, como freno a la oleada izquierdista y salvaguarda ante un hipotético derrumbe de la derecha tradicional. Lo que había empezado como una modesta formación antiindependentista en el ámbito catalán se fue abriendo paso gracias a la crisis, a la postre pasajera, que vivió el bipartidismo clásico en la década de 2010. Alcanzó su máximo apogeo en 2019, cuando con 57 escaños se quedó a 9 de ser segunda fuerza en el Congreso, puesto que ocupó el PP. Pero un error de cálculo de su líder, Albert Rivera, dinamitó su progresión e indujo su hundimiento. Su negativa a negociar la investidura de Pedro Sánchez llevó a otra convocatoria electoral en la que, siete meses después, Ciudadanos se quedó solo con diez parlamentarios. Fuera ya del Congreso, del Senado y del Parlamento Europeo, en los comicios de Castilla y León del pasado mes de marzo perdió el único diputado autonómico que le quedaba y, a día de hoy, su representación institucional se reduce al ámbito municipal, con poco más de 60 alcaldías y menos de 400 concejales en todo el Estado.

El debilitamiento de los partidos que surgieron como alternativa a la hegemonía de PSOE y PP no ha hecho, en cualquier caso, que desaparezcan la indignación y el hastío por la corrupción que ha venido enfangando a ambas formaciones. Simplemente, se han diluido en la abstención o han encontrado acomodo en la ultraderecha encarnada por Vox. Los de Abascal han sabido manejar ese caudal de rabia a fin de lograr que no pocos trabajadores dejen de echar la culpa de su precariedad a las elites económicas para volcarla en el inmigrante y en la supuesta amenaza del independentismo vasco y catalán.

Tendencia autolesiva del PP

En este contexto, y en sintonía con un fenómeno de dimensiones planetarias, la extrema derecha ha ido ganando terreno hasta proclamarse como el nuevo azote del bipartidismo. La incapacidad de la izquierda de tejer alianzas que sirvan de contrapeso y la tendencia autolesiva del PP al intentar vender como propias copias del manual xenófobo de Vox han coadyuvado notablemente a su auge en los últimos tiempos. 

Himno de la 'fachosfera'

No obstante, van apareciendo síntomas que invitan a pensar que la marea ultra no irá mucho más allá. El péndulo que en 2011 se inclinaba a la izquierda podría, 15 años después, estar cerca de alcanzar su punto más a la derecha. Habrá que ver si, a medio plazo, Vox corre la misma suerte que los proyectos políticos surgidos de la hoguera del 15-M. De momento, se aferran a ese legado de indignación del que se han adueñado. Eso sí, una indignación expresada de una forma mucho más vulgar que con aquellos eslóganes que se hicieron populares en las protestas de hace 15 años, como el ingenioso “No hay pan para tanto chorizo” o el más poético “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, acuñado por el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Ejemplos que nada tienen que ver con el burdo “Pedro Sánchez, hijo de puta” que se ha convertido en todo un himno de la fachosfera.