Cuenta Borges, en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (país sólo existente en un tomo apócrifo de una enciclopedia) que uno de sus heresiarcas afirmaba que “los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres”. Ojo, no huyan que no voy a ponerme profundo.

Ignoro la experiencia del autor de esa frase, pero respecto a la cópula yo sólo tengo buenas palabras y algunos incómodos silencios. No siempre se gana. En cuanto a los espejos... admito que su aire de ventanas a mundos inversos que no existen, pero pueden verse claramente siempre me ha causado desasosiego. Pero dejo ese desasosiego para los informativos y voy a lo que me apetece: especular con los espejos, valga la redundancia (iba a poner “pleonasmo” pero me suena a incidencia pulmonar que acaba mal). Así que toca “políticos y sus reflejos” y ya vale, oye. 

Si yo trabajara de espejo para nuestros admirados líderes políticos -cosa que no aceptaría porque bastante lástima me da el mío- el reflejo que les ofrecería a la inmensa mayoría de ellos sería mi espalda. Tal como los veo yo día a día: de espaldas a la realidad de este lado, en sus mundos de “como te digo una cosa, te digo la otra” , etc. Y siempre por amor a la patria, sus ciudadanos, la democracia y olé. Y al que no diga olé que se le seque la hierbabuena.

Una persona sujetando un espejo, en una imagen de archivo. Freepik

Pero supongamos que esta muchachada tuviera espejos con Inteligencia Artificial. ¿Cómo sería el día a día de estos aparatos?

Primero: el de Pedro Sánchez sufriría la competencia desleal de su propio dueño y de la tele. Me explico: creo que Sánchez elegiría sus vídeos ninguneando a sus rivales con media sonrisa de guapo oficial, antes que a su incontestable reflejo aunque este le dijera “Te hacía un traje de saliva ya, moreno”. Y el espejo de Feijóo tampoco lo tendría fácil: “¡Vente arriba, Alberto!... A Pedro lo adoran, pero a ti te votan”, y luego “Te has puesto las lentillas al revés, torpe”. En cuanto al de Santiago Abascal, se quebraría imposibilitado para reflejar al líder de Vox porque éste se sale siempre por la derecha del marco y jamás se refleja, como los vampiros.

Pero quiero pensar en el espejo de Díaz Ayuso, en modo madrastra de Blancanieves, con la pregunta de siempre : “Espejito, espejito... ¿quién es etc.?”. Y un día se le funde el chip y responde “Yolanda Díaz”, acabando junto a la escobilla del inodoro. Roto y del retrete en el ángulo oscuro, silencioso y cubierto de polvo. Le quedaría el consuelo de que a quien rompe un espejo le esperan siete años de desgracias. Pero claro: Ayuso no es supersticiosa, le basta con el catolicismo.