A veces, no se trata de saber qué está ocurriendo en el mundo, sino por qué están pasando las cosas. Además, la urgencia de conocer hace que, en ocasiones, perdamos la perspectiva de ciertos hechos y nos olvidemos de otros igual de relevantes para comprenderlos. Acabamos, en suma, centrados en valorar lo inmediato, sin observar que existe un antes y un después, y ambos son significativos para explicar lo que está aconteciendo. En otras palabras, explicar el marco de Oriente Medio implica abordar una historia que parte del siglo XIX y que llega hasta hoy. Nos falta tiempo para darle un sentido a todo esto. Pero, tristemente, mientras hacemos este gran esfuerzo analítico, señalando al culpable o dirimiendo las causas profundas, hay quienes están sufriendo en sus carnes esta locura perfectamente evitable. Muchos han muerto ya en el camino, algunos son niños inocentes. De momento, como las cifras de afectados no alcanzan las escalofriantes de Gaza, de Ucrania o de otros lugares, no nos inquietan sobremanera. Pero cada vez son más los que engrosan tan fatídica lista. Todo esto ¿por un bien mayor?
En principio así se justifica, por lograr acabar con la tiranía del régimen de los ayatolás. Sin embargo, sabemos que esta es una versión muy simplificada.
La verdad es que hoy impera la ley del más fuerte. Y esa fuerza no la ha impulsado el país cruel y sanguinario, sino, en la paradoja, sendas democracias. En el siglo XX, aquellos países que acabaron por desestabilizar la vieja Europea eran autocracias (caso de Austria-Hungría y la Alemania del Kaiser) o bien fascistas (el Tercer Reich y la Italia de Mussolini). Fueron sus agresiones bélicas y brutalidades las que les acabaron sentando en el banquillo de los acusados por crímenes contra la paz y la humanidad, dando lugar a la postre a la creación de las Naciones Unidas. Su loable propósito fue que nada así pudiera volver a repetirse.
Obviamente, el actual conflicto entre Irán e Israel y Estados Unidos no se puede considerar una contienda mundial, porque su alcance es regional. Se limita al espacio de Oriente Medio. Pero sabemos que quienes la han iniciado han sido dos países que forman parte del orbe occidental, de gobiernos representativos. En cambio, no sucede lo mismo con Irán. La República Islámica es un régimen teocrático rígido y despótico, a pesar de que los iraníes pueden ir a votar, no lo hacen con plena libertad. Sin embargo, el motivo de que haya sido atacado no es porque sea una tiranía, sino por su actitud beligerante contra Israel con sus discursos antisionistas y antiamericanos. Ahora bien, ¿representa una amenaza mundial? No. Pero ha sido Tel Aviv, con la aquiescencia de Washington, el que ha decidido asestarle un golpe mortal y lo ha hecho sin pedir permiso de ningún organismo internacional. Tristemente, la historia de la región de Oriente Medio ha venido determinada por el imperialismo europeo. Es una de las regiones del mundo más ricas en gas y petróleo, pero también está integrada por un mosaico de etnias y grupos religiosos enfrentados. Sin embargo, al margen de eso, un hecho que lo cambiaría todo sería la creación del Estado de Israel, en 1948. Desde entonces, no ha conocido largos periodos de paz.
Primero, por la injerencia europea, guerra del Canal, el apoyo al Sha de Persia, etc. y la pugna de los países árabes circundantes contra Israel; y segundo, por la misma actitud de Israel. Aunque Tel Aviv ha logrado vencer en todas las guerras contra los países vecinos, le ha faltado cerrar el círculo con los palestinos. Esta anomalía para crear el Gran Israel sigue siendo una herida por solventar. Y la causa palestina se ha visto auspiciada por Irán. No obstante, antes de producirse la matanza de Hamás, Israel había logrado firmar los llamados Acuerdos de Abraham. Se reconducía su relación con los países árabes, se respetaba a Israel y aseguraba, desde las posiciones diplomáticas, su existencia. Duraron poco, el 7 de octubre de 2023, la masacre de judíos perpetrada por la milicia palestina lo cambió todo. El derrumbe de la dictadura de El Asad iba a suponer para Israel un alivio, era un enemigo menos. Sólo quedaba Hezbolá apoyada por Irán. Así, dicho resumidamente, Teherán se ha convertido en el último gran archienemigo de Israel. El triunfo evanescente de El Asad en la guerra civil siria y el hecho de que en Irak había un gobierno chií parecían dar fe de que la estrategia seguida por Irán había sido exitosa.
Irán, enemigo público número uno
Sin embargo, pronto se ha visto que es un espejismo.
La dictadura siria se derrumbó e Irak no es ese fiel aliado de Teherán que se presuponía. De este modo, Irán se quedaba sola como su enemigo público número uno. Israel, por lo tanto, se ha dado cuenta de que con el respaldo de la Casa Blanca podía darle la puntilla, y descabezarlo. Con el fin de dejarlo inerte durante unos años. Pero los pronósticos no se han cumplido. Irán resiste, el belicismo se ha extendido por el conjunto del Golfo Pérsico y se ha generado una incertidumbre que ha alterado por entero la región. No se pensó demasiado en los efectos que tendría en el precio del barril de crudo, ni en el posible número de víctimas ni, sobre todo, que se hacía saltar por los aires el orden internacional vigente. En consecuencia, la ONU se ha convertido en un organismo inoperante o vacío de autoridad y legitimidad. Ahora es desde la Casa Blanca o Tel Aviv donde se decide sobre la guerra y la paz, determinadas no por intereses generales o una diplomacia al servicio del entendimiento global, sino por capricho y voluntad de sus mandatarios, o sea, de Trump y Netanyahu, imponiendo así los intereses de Estados Unidos e Israel. A corto plazo, cabe la posibilidad de que Irán ceda o el régimen de los ayatolás se derrumbe y que se reordenen, por ello, la fichas de este complejo tablero de Oriente Medio al gusto de Trump. Pero, a la larga, la manera en la que se está conduciendo este reajuste no sólo pone en evidencia el carácter nada fiable de estas democracias, sino que han dejado de existir unas mínimas reglas para evitar que este pequeño planeta acabe colapsando…
Doctor en Historia Contemporánea