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Muerto el perro...

la culpa la tienen una enfermera, por mentirosa y por su inutilidad a la hora de quitarse un traje de protección; dos misioneros, por contagiarse y ser repatriados; y un perro, por ser perro. Así de claro lo ha dejado el consejero de Sanidad de Madrid Javier Rodríguez, médico y presunto experto, poniendo el dedo en la llaga de la enfermera Teresa Romero al acusarla de haber hecho saltar ella solita las alarmas en el mundo occidental por ocultar, reiteradamente y al parecer con alevosía, el error cometido al rozarse la cara con un guante del traje de protección. Ayer noche se debatía entre la vida y la muerte pero tan mal no estaría si va a la peluquería y tampoco hacía falta un máster para ponerse y quitarse el dichoso traje, como bien apunta el consejero madrileño. Pues fue el Gobierno el que decidió trasladar a los religiosos Manuel García Viejo y Miguel Pajares a una ciudad -también gobernada por el PP- que se ha empeñado en los últimos años en desmantelar la Sanidad pública y restar recursos y medios para ahorrar en favor de los poderosos. El protocolo de actuación para el personal sanitario no está lo suficientemente ajustado, consecuencia de lo anterior, y tampoco había un lugar donde aislar a Excálibur. Aunque en este caso da igual porque, muerto el perro, se acabó la rabia. O eso quieren hacernos creer.