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Mesa de Redacción A tortilla pasada

Aveces, demasiadas veces, esta ciudad es un festival del despropósito. Y lo de la tortilla de patata más grande del mundo puede llegar a liderar el cartel de este año, por encima de otras destacables torpezas. No voy a ahondar en esta ocasión en el envoltorio del evento, esa capitalidad gastronómica inventada por una cuadrilla de listos para hipnotizar a políticos mediocres; quedémonos en el hecho tortillil y lo que le rodea. Resulta que el señor encargado del intento de gastroplusmarca cobró los 45.000 euros que facturó al Ayuntamiento dos días después del tortillazo, sin duda como le ocurre al resto de gremios que trabajan para el Ayuntamiento, que eso de 30, 60 y 90 días es sólo por aprender a multiplicar y dividir. Resulta también que el contrato lo realizó el equipo del PP sin ningún concurso previo, y optando por la modadidad de contratación artística. ¿Hubo acaso poemas, música, pintura, danza...? Si esa tortilla gigante fue arte, cualquier croqueta es escultura. Y resulta, para terminar, que el prócer Garnica, para ahondar en el éxito tortillero, dice que el impacto en la ciudad fue de 700.000 euros, que Gasteiz se ahorró en promoción turística. A tortilla pasada, la debilidad del argumento es aún mayor de lo que parece.