Teatro y mercado
lo que cuenta en el teatro no es tanto el guión como la puesta en escena, la fuerza dramática de la representación, las virtudes interpretativas de los actores, la emoción que se transmite y hasta, si se quiere, el glamour y las lentejuelas que rodean a la función. Y en un mercado de abastos, lo importante es la calidad del producto tradicional, el trato directo con el hortelano o el tendero, el equilibrio entre verduras y legumbres, lácteos y cereales, carnes y pescados; en definitiva, cuenta más el toma y daca, la relación cercana del intercambio, que el envoltorio. La política es también un poco de teatro y otro poco de mercado y todo tiene su momento y su lugar. El Parlamento Vasco atesora, es verdad, no pocas escenas de dramatismo y grandes momentos de espectáculo durante sus tres décadas de historia, pero se echa en falta que a veces su hemiciclo se convierta también en un mercado, en el mejor sentido de la expresión. En un mercado en el que se busque el beneficio mutuo en la compraventa de productos de primera calidad, en el trueque, en el tejido artesanal de complicidades. En la sesión de ayer hubo un poco de todo. Poses desde la tribuna, pero también voluntad y gestos de empezar a negociar con sustancia y fundamento en la plaza del pueblo.