Mesa de Redacción Hay sitio, por Iñigo Muñoz
Otra de las muchas ventajas del verano gasteiztarra es la oportunidad de aparcar donde a uno le venga en gana, si es que está acostumbrado a usar el coche en la ciudad, cosa que abandoné hace ya mucho tiempo: bici, tranvía o autobús, no hay más en mi horizonte. El caso es que hace unos días, el colega Álvaro y yo fumábamos observando por la ventana el transitar de los vehículos por la Avenida. Nos fijamos en un coche que estaba estacionado ocupando con claridad dos espacios, e iniciamos un debate que no fue tal porque los dos estábamos de acuerdo: hay que demostrar solidaridad con el resto de conductores y procurar apretar los coches para que quepan más. Porque estábamos seguros de que el dueño o dueña de ese vehículo que había estacionado en mitad de un gran espacio vacío lo haría igualmente en pleno mes de noviembre, con la ciudad en vibrante ebullición, que este tipo de actitudes no tienen que ver con la estación, sino con el carácter: la solidaridad al volante escasea. Y de repente vimos una furgoneta estacionando unos metros más allá, en un lugar donde cabía un vagón del tranvía. El conductor maniobró durante un rato, un poco hacia adelante, un poco hacia atrás, y lo dejó de manera que no cabía nadie más. Gracias, campeón.