Opinión ¿Qué eres?
Después de La Blanca. Un día cualquiera. Uno está en la plaza del Machete currando y se cruza con un grupo de turistas acompañados por una guía de las que trabaja para el Ayuntamiento vía subcontrata. Una de las visitantes se para en las escaleras que conducen desde San Miguel a Villa Suso y dice: “mira cómo se ve al vasco desde aquí”. Pero la guía se para y replica: “ya les he dicho que se llama Celedón y no es un vasco, es alavés”. Y en esto que un servidor se queda quieto para ver por dónde va a derivar la conversación. “¿Pero es lo mismo, ¿no?”, dice la turista. “¿Usted no ha visto Ochos apellidos vascos? Pues eso, para ellos nosotros somos los del sur, así que es alavés”. Lo malo de estas conversaciones tomadas al vuelo es que uno no termina de saber si la cosa va de coña o se está diciendo en serio. Hace ya unos años, uno tuvo que escuchar en Oviedo, visitando una iglesia, cómo un guía veterano con ínfulas de profesor universitario le explicaba a una turista argentina que el euskera era un dialecto del latín, entre otras cosas. Tengo amigos y conocidos que son guías, que llevan mucho tiempo dedicándose a esto, que lo hacen muy bien y a los que tengo mucho respeto. Por eso sé que no todo el mundo puede contar hasta tres antes de hablar.