Opinión La serpiente y el elefante
La vida debe de ser bastante simple. Vamos creciendo y nos empeñamos en complicarlo todo, pero tengo una ligera conciencia agazapada en algún pliegue cerebral de que una vez miré el mundo con los ojos de una niña y me parece recordar que las cosas, buenas, malas o regulares, eran mucho más sencillas. En este punto, recomiendo el arranque -al menos- de El Principito, leer con atención la dedicatoria que escribe Saint-Exupéry a su amigo Leon Werth “cuando era niño” y el inicio de la historia con el dibujo de la serpiente boa que se ha tragado un elefante. Viene todo esto a que cae en mis manos una encuesta en la que se interpela a niños sobre qué quieren ser de mayores o cómo salir de la crisis. Y el titular elegido por los autores del sondeo en su presentación no tiene desperdicio, no por la habilidad de selección de los expertos demoscópicos, sino por la respuesta ofrecida mayoritariamente por los chavales que, desde la presupuesta limpieza de su mirada, ofrecen un diagnóstico que surge abrumador precisamente porque, inventos del averno al margen, aún siguen siendo niños: “Contar con mejores políticos que los actuales es la medida más urgente para conseguir que nuestro país vaya bien”. Y leo estas cosas y, sí, me acuerdo de El Principito.