Legislatura desabrida
hay políticos que, sin ser eficaces gestores, tienen sin embargo un discurso que transmite confianza o despierta emociones. Otros, hacedores discretos, honestos y rigurosos, logran resultados pero no emocionan. La política nos ha acostumbrado a tener que elegir porque, salvo pretéritas excepciones, se tiene una virtud o la otra, pero no ambas. Por eso, lo ideal es formar equipos equilibrados y así se han formado ilustres tándemes en la política. Y luego hay mediocres que ni hacen ni transmiten. Es el caso del equipo de la Diputación alavesa, que acaba de coger las últimas vacaciones de un mandato que termina sin pena ni gloria. Entre los humos que se gasta Marta Alaña, las fachas de Javier Ruiz de Arbulo ante los pueblos, el morro que le echó el pluriempleadoLuis Viana, los líos que no se traerá José Zurita con Izarra, que Icíar Lamarain echa la mano a la recortada cuando oye hablar de cultura o que de las otras dos diputadas ni se conoce el nombre -eso sin hablar de quienes se encargan de las componendas en la sombra-, a Javier de Andrés le ha salido el camarote de los Marx. Sólo el contable Aitor Uribesalgo puede presumir de que este año Hacienda recauda más -aunque no sepa a qué destinarlo porque no hay proyectos- pero eso emociona poco.