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Trabajando

No me pregunte el nombre, da igual. Un bar del centro de Gasteiz el día 4 al mediodía. Llegan jornadas fuertes y es necesario contar con más personal de lo habitual. Así que ahí tienes a una camarera ya curtida en mil batallas a pesar de que no aparenta tener más de 30 explicándole a otra chica que dejó la adolescencia hace nada dónde está el vino, cómo hay que marcar en la pantalla del ordenador para obtener el precio, de qué manera se tienen que pedir los pintxos a los que están en cocina... vamos, lo que viene siendo un curso de formación práctico de hostelería en unos 15 minutos mientras, al mismo tiempo, se atiende al respetable que ya está en el local. Y yo pensando: criatura, no sabes dónde te han metido... No es fácil trabajar mientras el resto del mundo está de vacaciones o en plenas fiestas. A mí se me ha olvidado lo que es pasar La Blanca sin estar dándole a la tecla. Por eso, hágame un favor. Si se encuentra con esa joven al otro lado de la barra, o con el personal que curra en la limpieza, o con los sanitarios que estos días están cuidando de la gente repartidos por las calles o con quien sea que esté currando, una sonrisa y un “gracias” nunca están de más. Incluso aunque se vaya ya un poco tocado a causa de los efluvios de la juerga.