Síguenos en redes sociales:

Mesa de Redacción Demagogia, por David Erice

los que mandan y no quieren que nada cambie -que hay otros que también mandan pero aún así aspiran a que las cosas mejoren- suelen recurrir al término demagogia para desmontar los argumentos, preguntas o quejas de los mandados. “Eso es demagogia”, replican cuando se inquiere sobre la posibilidad de dedicar el dinero de los inútiles senadores a comedores sociales. También debe ser demagogo preguntarse qué tipo de gestión es inyectar 12.000 millones de euros de dinero público en un banco en apuros para revenderlo poco después por poco más de mil. “Una buena operación porque así nos ahorramos intereses”, intentó justificar el otro día De Guindos sin que nadie acertase a comprender a qué se refería exactamente. Pero, claro, a él no puede acusársele de demagogia, que eso es cosa de pobres. Cuánta demagogia vertida con los trajes, casas, fincas o coches de tal o cual político, los gastos de la Casa Real, los livianos delitos de los colegas en prisión, como diría Pujalte. Y cuánta penita que empieza a dar Jordi Pujol a los que han crecido a su alrededor como Artur Mas o Duran Lleida.¿Por qué será? Cebarse con el pobre ex honorable debe ser demagogia pura. Con todo el bien que hacen por nosotros... Además de demagogos, somos unos desagradecidos.