Mesa de Redacción Somos sostenibilidad, por Julio Iturri
sitúan los arqueólogos el origen de la agricultura en el período Neolítico -hace más de 7.000 años-, cuando las primeras sociedades humanas evolucionaron desde la caza y el nomadismo al cultivo de la tierra. Ese hito supuso también atravesar una simbólica pasarela desde la barbarie depredadora al arraigo con la tierra y, en definitiva, a la cultura. Y los valores de la feminidad -la mujer empezó a tener un papel activo en el cultivo- de comprensión, diálogo o cooperación frente a la agresividad, competitividad y fuerza masculina del cazador descubrieron una forma sostenible de relacionarse con la tierra. Hoy la agricultura y sus valores parecen acorralados en la ciudad. El cultivo sobrevive en la sombra de los huertos escondidos en algunos cantones del Casco Viejo y en parcelas alternativas olvidadas en Zabalgana o Abetxuko, entre otros rincones, mientras la barbarie creció en la burbuja inmobiliaria o en la preponderancia del automóvil, dueño de las calles. Pero los espacios de convivencia, solidaridad y sostenibilidad -simbolizados en esa mano femenina de Fátima en el mural Eskuz-eskuz de la calle Herrería que da hoy color a nuestro particular calendario de agosto en la página 2 de la izquierda- siguen estando, como hace 7.000 años, en el cultivo de la tierra.