Mesa de Redacción En la casa del pobre, por Carlos González
No me entiendan mal. Me alegro por todas y cada una de las personas que dice la Encuesta de Población Activa que han conseguido trabajo. Faltaría más. Pero, qué quiere que les diga, me pone de mala leche el político que sale diciendo: ves, ya sabía yo que estábamos mejor, que la crisis es pasado. Vamos a ver, cuando uno está en medio del océano, solo, sin provisiones y la balsa a punto de irse a tomar por saco, que venga una nube a tapar cinco minutos el sol puede ser un alivio, pero nada más. No nos engañemos. Que se tome por una buena noticia que el paro entre los jóvenes haya bajado al 53% es un chiste mal contado. Sí, ya sé que viene un 2015 con dos citas electorales y que hay que vender supuestos logros por aquello de pensar que el personal es tonto y que se va a levantar el día de la fiesta de la democracia convencido de que es necesario mantener todo como está. Y a veces, para qué vamos a negarlo, la táctica funciona. Demasiadas, de hecho. Pero es el momento de activar las pocas o muchas neuronas que nos queden vivas. No puede ser que en la casa del pobre poder cenar un día de la semana se tome como fiesta nacional. No hay que rechazar los pasos positivos, pero siempre teniendo en cuenta que cuando se ha retrocedido tanto es complicado ir a peor.