Anudación espontánea
Soy consciente de que todavía faltan muchos meses para Navidad y escribo estas líneas bajo un cielo gris y plomizo que amenaza granizada king size plus, aunque sea julio. Es lo que se llama Euskadi. Cierro paréntesis meteorológico. Pero es que acabo de encontrar un estudio de la Universidad de California que puede dar respuesta a una de los grandes misterios de la humanidad: ¿cómo es posible que todos los años, allá por el 7 de enero, yo recoja con minuciosidad propia de orfebre las luces del árbol navideño, todo ordenadito, marcialmente alineado como en una manifestación de Corea del Norte, y que la siguiente Navidad, aquel mismo prodigio de estructura se haya convertido en un nudo gigante gordiano? Pues bien, dos profesores del Departamento de Física con inquietudes similares a las mías han publicado el estudio Anudación espontánea de una cuerda agitada. Conclusión: el enredo del cable se deriva de una función que relaciona su longitud con la agitación a la que el cable es sometido. Además, hay que tener en cuenta el factor de flexibilidad y del espacio disponible para expandirse y/o girar sobre sí mismo. Por si les sirve, tras repetir el experimento 3.415 veces, dedujeron que los cables de 46 centímetros o menos tienen menos probabilidades de enredarse.