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Mesa de Redacción Masoca, por Carlos González

Creo que es influencia de la niñez. Uno nació en una época en la que las sesiones del Congreso los emitían en la televisión y no había más que dos canales. Por eso me encanta cada vez que llega uno de esos debates sobre el estado de... ya sea ciudad, provincia, comunidad autónoma, país o lo que toque. Y me chifla, lo reconozco, porque es imposible ver en este mundo un ejercicio mayor de demagogia y falsedad. En realidad, uno de estos debates es como el macrofestival de la mentira, donde el político, que todavía se pregunta la razón por la que la ciudadanía está cada vez más alejada de él, se dedica a dos cuestiones básicas: si está en el gobierno, decir que gracias a él, el paraíso se ha hecho carne en nuestros días y que vivimos en un nuevo Edén; si está en la oposición, que el armagedón está a punto de comenzar si no se toman medidas drásticas, que la tierra se abre mientras los jinetes del Apocalipsis ríen junto al diablo a punto de conseguir la destrucción de la raza humana. Lo curioso es que en un par de legislaturas, uno es capaz de ver al mismo político decir lo uno y lo otro sin despeinarse, dependiendo de los resultados en las urnas. ¿Es esto una exageración? Puede, pero nunca estaré a la altura de sus señorías. Tienen un don especial.