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Gracias Rosell

la culpa del paro la tienen las amas de casa. Más de un millón se han apuntado a las listas a ver si pillan cacho. ¡Ojo! No es una conclusión lanzada por cualquiera, aunque a primera vista parezca de lo más trasnochada, estúpida y propia de cavernícolas. Pero no, el que ha establecido semejante premisa no debe ser ni gilipollas ni imbécil, ni siquiera analfabeto. El retratista de la actualidad es nada menos que Joan Rosell, líder de los empresarios españoles además de, al parecer, reputado sociólogo y estadista de altura. Claro que el análisis, por agudo y atinado que parezca, necesita la consabida ampliación por si los obreros, empleados, parados y ciudadanos de baja estofa -que sí somos ineptos y subnormales hasta el paroxismo y volvemos a pedir perdón por ello- no alcanzamos a comprender la magnitud de la lección magistral impartida por Rosell. No contenta con tanto Estado de Bienestar, tanta subvención, tanta prestación y tanta caridad otorgada por los ricos -pobrecitos ellos-, la pérfida plebe hace trampas para cobrar lo que no le corresponde. Y es que seguimos empeñados en comer, estudiar o ir al médico. Se nos debería caer la cara de vergüenza. En un alarde de fina ironía, Rosell pregunta por qué no hay estallido social si tan mal van las cosas. Yo también me lo pregunto.