Mesa de Redacción Tras el fuego, por Íñigo Muñoz
Izarra ha ardido. Dice uno de nuestros prebostes forales que si hubieran estado allí los responsables de la empresa de juegos militares, nada de esto habría pasado: ni una llama, ni una chispa, ni un fuego de campamento. En fin, imagino que se habrá arrepentido de lo dicho nada más haber salido de su boca la frase. El caso es que no debería rendirse nuestra Diputación, que para qué está si no; debería volver a ofrecer las instalaciones a los responsables de las hazañas bélicas, incluso renegociando el precio, porque el lugar ahora es más atractivo. Antes cabía escenificar misiones de combate en zonas rurales castigadas, porque el colegio estaba realmente en malas condiciones: puertas rotas, cascotes, sensación de abandono. Ahora la Diputación tiene la oportunidad de mostrar un marco realmente guerrero: el fuego ha convertido la estructura del colegio en un escenario ideal de incursión tras un intenso bombardeo de las tropas aliadas, por iniciar un guión. ¿A qué esperan? Aprovechen la ocasión, próceres cercanos. Podrían proponer a la empresa de disparos lúdicos la posibilidad de añadir una vez al mes la toma del Palacio de la Provincia, zona urbana habitada, puntuación especial. Ya veo al comando rojo correr por Siervas de Jesús, de portal en portal. Avisen a los miñones.