El otro día, un concejal del Ayuntamiento de Vitoria escribía en su perfil de Twitter: "Fuera coñas Valenciano, ponte un corcho en la boca mientras habla Cañete". Hace unas semanas, un presentador de una televisión local decía que si Dios pudiera matar a Evaristo, cantante de los alaveses Gatillazo, debería hacerlo. Son dos ejemplos, aunque se podrían poner muchos, de cómo muchas veces al personal se le va la pinza con o sin redes sociales de por medio. Cualquier periodista sabe bien, si es que hace su trabajo como debe, lo que es que te acusen de casi todo y, por el camino, te amenacen laboralmente de una y mil maneras, sobre todo aquellos que se consideran cercanos a ti. Son cosas que pasan, desagradables, consecuencia en muchas ocasiones de falta de educación y respeto, pero no más. Sin embargo, nuestro querido ministro del Interior, en esa manía que tienen los de su cargo gobiernen unos u otros, ha decidido que andamos muy sueltos todos y que hace demasiado que no refuerza como debe la creación de un Estado policial donde nada se salga demasiado de lo que se considera correcto. Y aquí estamos, buscando molinos aun sabiendo que no son gigantes porque eso, al fin y al cabo, es muy nuestro. Unas veces es que se sienten y otras que se callen.
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