Carezco de perfil. Quiero decir que no consto en ninguna red social ni en nada relacionado con Internet, salvo alguna plataforma en la que me inscribí en un momento de feroz cabreo, sobre la que no les daré más referencias; los espías que intenten buscarlas sólo encontrarán dificultades: no he escrito en ella una sola palabra. Dicho esto, les confieso que no veo claramente el delito que han cometido las personas que han sido detenidas y acusadas de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas en sus textos enviados por las redes sociales. No comparto nada del contenido de esos comentarios, al menos de los que se han divulgado, pero tengo la sensación de que han sido escritos no para hacer proselitismo, ni siquiera para dañar al protagonista del texto, porque no se va a enterar salvo que alguien se lo reenvíe o lo haga público, sino como alimento gremial de un sentido del humor con muy poco sentido. Y es que no veo clara la diferencia entre una conversación privada en la esquina de la barra de un bar, donde también pueden oírse ofensas y humillaciones de todo jaez, y un texto enviado a un contacto o a cientos de ellos, con similar contenido. Son opiniones, y por lo tanto culos: todos tenemos uno, y compartirlo es una opción... ¿delictiva según lo que diga? No me lo parece.
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