oigo y leo chanzas y mofas por la alerta desatada en torno al presunto avión que se encontraba flotando en el mar y que luego resultó ser un remolcador con una grúa encima. Lo que habrá tenido que aguantar el operador del 112 que atendió la desesperada llamada del aeropuerto confundiendo las cosas y lanzando su dramático mensaje sobre el Boeing 737 que flotaba a dos millas de la costa canaria. "Todavía no se ha hundido, movilicen todos los medios disponibles". Lío montado: activado el protocolo de emergencia, aviones sobrevolando la zona, ministra de Fomento acojonadica perdida y, una vez deshecho el entuerto, todos de vuelta a casa o a tomarse una cerveza aliviados porque, al menos esta vez, la tragedia no se había producido. Igual hasta le cae un paquete al que mandó el mensaje e hizo saltar las alarmas. Por imprudente. ¿Imprudente? Pues que sepa usted, sea quien sea, que yo le contrataría de por vida para atender un 112. Porque vi las fotos y, en efecto, parecía un avión amerizado. Y prefiero que se active mil veces el protocolo de emergencia aunque el caso resulte fallido que pecar de prudente y esperar demasiado a cerciorarme de qué es realmente lo que ocurre antes de incomodar a alguien, despilfarrar dinero público o mandar una ambulancia a Trebiño.